Recuerdos de Chicago

El pasado mayo se celebró el Festival de la Pipa de Chicago (CPS, por sus siglas en inglés) una referencia mundial para los pipa fumadores. El artesano chileno Constantino Schussler nos explica en la siguiente crónica su experiencia personal.

El Festival de la Pipa de Chicago tiene, desde el punto de vista de un artesano, muchas cosas buenas, pero también malas. Me explico. Los coleccionistas y todas las personas que van a este show con el propósito de comprar o divertirse, ven el evento con otra mirada y pueden interactuar de otra forma. Los artesanos y gente que vamos a vender nuestros productos tenemos otro peso en nuestros hombros.

En primera instancia, debemos cuidar minuciosamente nuestra imagen porque uno nunca sabe cuando habrá un potencial cliente escuchando, por esto, uno debe medir con cuidado las palabras que uno dice y que dice. Para mí, como artesano que tiene cierta cantidad de pipas que debe vender para solventar el viaje, casi siempre tengo un sentimiento de ansiedad visceral muy difícil de sacudir.

Si tuviese que resumir la experiencia del Show de Chicago, la palabra que utilizaría sería: ‘‘Abrumador’‘. Como fanático del brezo, desde que uno llega, hay distintos cuartos de los retailers (fabricantes, artesanos) que muestran y ofrecen una variedad de pipas inimaginable. Desde antiguas inglesas a danesas High Grade contemporáneas y clásicas.

Esto, puede, y en mi caso siempre termina siendo así, abrumar los sentidos con pipas.

Es innegable el sentido de cofradía que existe en el show. El hotel tiene, en su costado, una carpa gigante, la cual llaman The Smoking Tent. Se dedicada a los fumadores donde uno puede reunirse con los participantes del festival para fumar con calma, probar nuevas labores o, simplemente, conversar con amigos. Cuenta con muchas mesas y un pequeño bar. El espíritu de cofradía que mencionaba antes está sumamente presente en este lugar. Los amigos se reúnen a compartir tabaco (muchas veces siendo latas muy viejas y difíciles de conseguir), contar historias y mostrar sus pipas que han traído o comprado.

Pero las congregaciones más interesantes, las realmente divertidas, generalmente se forman en habitaciones de coleccionistas que deciden pagar la penalización por fumar en un espacio privado y disfrutando del espíritu de la cofradía.

El ritmo del salón es muy intenso. El viernes, sábado y domingo el show comienza temprano. Esto no presenta mucho problema para los coleccionistas y aficionados, puesto que no hay mucha presión para levantarse temprano, ya que el show sigue hasta las cinco de la tarde, pero para los artesanos y los expositores significa poco tiempo de descanso. Una vez que llega al recinto, tendrás muchas horas de pie, de atención y de trabajo.

En resumen, el show es entretenidísimo, pero es muy fácil quedar exhausto. ¡Y con la lengua quemada!

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