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Kendal: tenemos un problema

Mi visita del sábado a mi estanquero de referencia, y sin embargo amigo, me provocó el susto de conocer los nuevos precios de Samuel Gawith. Era un incremento inesperado después de la subida de este año y que, por la legislación española, genera unas cuantas preguntas cuya respuesta conoceremos en los próximos meses.

Todos los fumadores de pipa somos fieles seguidores de nuestras marcas preferidas, pero, al tiempo, infieles. Escribo por mi experiencia pero es un comportamiento que muchos pipafumadores comparten cuando hablamos: tenemos tabacos de referencia, labores a las que volvemos periódicamente o, incluso, se encuentran siempre en nuestra bodega. Pero tenemos la costumbre de ir descubriendo, de explorar nuevas marcas. Y, seamos sinceros, muchos paladares somos incapaces de discernir matices entre labores muy similares. Somos fieles-infieles.

A ello se une la legislación española, donde la actualización de los precios se aplica a las labores que ya existen en el estanco. No entro en si está bien o está mal, pero es lo que tenemos. De esta manera, cuando la próxima semana cualquier samueliano acuda a por su lata de cincuenta gramos se encuentra que esta cuesta diez euros más que otras que pueden competir perfectamente con ella. Me dolerá no fumar Navy Flake o Golden Grow, pero dispongo de Solani, Peterson University Flake, Mac Baren Virginia Flake o Capstan, sólo por citar alguno de mis favoritos y con los virginia de Wessex pendientes de abrir… Y cada uno puede cambiar las referencias citadas.

¿Mantendrán los samuelianos su fidelidad o pasarán a comprarlo, si lo hacen, como un producto de lujo? El mayor problema es para los estanqueros, que pueden ver como sus existencias salen más lentamente de lo que esperaban, con el castigo que supone para sus cuentas. Hasta diciembre no tendremos datos, pero el pasado no es muy halagüeño. La desaparición temporal de Dunhill se saldó con penas y lamento, pero, rápidamente, encontramos sustitutos hasta que Peterson recuperó las míticas labores.

Además, los estanqueros sufren las consecuencias de una desfasada legislación española. Aquí prohíbe la venta por Internet, pero no lo compra. Así que con un poco de paciencia, cualquier fumador puede acercarse a una web alemana, por ejemplo esta, y comprar sus Samuel a ocho euros más barato de lo que puede encontrar en España [la página se consultó el domingo seis de noviembre a las 11:30, por si hay cambios posteriores].

Y, a partir de ahí, otra incógnita: ¿cómo reaccionará el sector ante Premium Brands? Ellos, los distribuidores, se han visto pillados por una decisión del fabricante. El estanquero negocia con Premium, no habla con Chris Gawith. ¿Romperá la confianza entre ambos eslabones de la compleja cadena de distribución?

Suficientes preguntas para que, recordando la película, desde Barcelona manden un correo electrónico al Reino Unido: «Kendal, tenemos un problema».

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Humor pipero

Supongo que no soy el único pipa-fumador que desarrolla un sexto sentido a todas las manifestaciones culturales donde aparece una pipa. Desde la película de turno al cómic o la obra de arte. Allá donde aparece una pipa, saltan nuestros sentidos. Así me sucedió hace unos días, leyendo Amor se escribe sin hache, deliciosa novela humorística de Enrique Jardiel Poncela y que, sinceramente, recomiendo. Encontré el siguiente párrafo que comparto:

Enrique Jardiel Poncela. Fuente: Blog Enrique Jardiel Poncela, maestro del humor.

– Ese oficio de vendedor ambulante está bien, ¿verdad?

– Contemplado desde un avión es precioso. Pero yo nunca he tenido ocasión de contemplarlo así. Después del kas-kas vendí un dentífrico; a continuación, unas máquinas para calcular la velocidad que lleva el tren en que se viaja, y luego, unas pipas provistas de un timbre que sonaba tres segundos antes de apagarse el cigarro y que servía para avisarle al fumador que era imprescindible chupar rápidamente.

– Yo tuve una pipa de esas de timbre- interrumpió Zambombo-, pero sonaba tres segundos después de apagarse.

– ¿Y para qué servía, entonces?

-Para avisarle a uno que debía comprar cerillas.

Enrique Jardiel Poncela; Amor se escribe sin hache
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Elogio de los pipa clubes

Septiembre comenzó con el Girona Pipa Club retomando las fumadas y organizando el primer campeonato en España desde que el SAR-Cov 2 se instaló en nuestra vida; el Club de Amigos de la Pipa ya trabaja para organizar en noviembre su fumada en Madrid y el Barcelona Pipa Club comienza a llenar el calendario de actividades… ¿Qué haríamos sin los pipa clubes?

Son tres ejemplos pero estoy seguro de que en el resto de pipa clubes españoles ya piensan en retomar la actividad. La situación no es fácil. En Asturias, por ejemplo, las autoridades mantienen la prohibición de fumar en las terrazas, lo que nos lleva a la práctica clandestinidad mientras buscamos soluciones (somos pocos y los costes de alquiler de locales no son asumibles). Pero mientras superamos esta época negra y difícil, los pipa clubes aparecen ahí como un faro de esperanza e ilusión.

Me inicié como pipa fumador en una tertulia literaria, podría ser perfectamente el germen de un pipa club que no lo fue; pero los veteranos me enseñaron con acierto algunas cosas y otros tantos. Pero esa transmisión de sabiduría es una de las virtudes de los pipas clubes, también un espacio de confraternización, de descubrimiento de labores, de amistades. Si tengo que dar un consejo a un neófito sería: vete a un pipa club y escucha, aprende y disfruta.

Los pipa clubes son lugares de encuentro, de confraternización, de libertad. Porque en ellos podemos expresar con libertad nuestra pasión por el brezo, la añoranza de una nueva pipa, las virtudes de la espuma de mar o las ventajas de fumar en maíz sin que nuestro interlocutor quede perplejo. Sin pipa clubes no habría fumadas y las fricadas con las que disfrutamos.

Sí, debemos elogiar a los pipa clubes y a sus esfuerzos por mantener encendida la pipa, la esperanza de volver a encontrarnos, de volver a celebrar los placeres de la vida. Porque, en el tabaco, existe mucho de vida, del disfrute de la vida, de los tesoros que nos da la naturaleza y nuestra capacidad para sublimarlos. Seguramente con estas últimas líneas estoy empezando a desfasarme, lo que es una buena señal para concluir lo que quería que fuese una loa a los pipa clubes.

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Mis tres del semestre

Hace unos días, después de ver el video de Fabián Cuesta sobre sus revisiones del semestre decidí hacer el mismo ejercicio. Repasé las diferentes labores que fumé entre enero y junio de este año para destacar tres. No se trata de decir que son mejores que otras, sino que tres labores de ese periodo sobresalen y los motivos. Me divertí con ese ejercicio y, por esa razón, me atrevo a compartirlo con ustedes. El orden para citarlas es casi aleatorio, según surgieron en mi repaso. Sin más, mi listado:

  • Kentucky Bird. Posiblemente es mi elección más polémica y lo digo porque ya he tenido alguna que otra discusión defendiéndolo. Cuando comencé a fumar en pipa, el grupo en el que me iniciaba me aseguraron que era un mal tabaco. También es cierto que fumábamos Borkum Riff y, cuando superé esa etapa, no me acerqué al pajarito por una simple comparativa. Si el Borkum me parece malo, no voy a comprar una labor que clasificaba por debajo de él… Así que durante muchos años lo dejé al margen en mis visitas al estanco hasta la II Batalla de Labores. En uno de los debates que alimentó en Twitter, Jesús Carlos (@txustky) reivindicó sosegada y tranquilamente a KB. Así que, intrigado por sus palabras, fui al estanco a por el pajarito. Y tenía razón. No es un gran tabaco, no es la labor que me llevaría a una isla desierta, pero sí una labor para cuando me apetece fumar pero no tengo ganas de mucha nicotina; una labor para iniciarme; para aprender a respirar de manera tranquila y buscar sabores, para cerrar el día o para media mañana. Un amigo fiel, un descubrimiento.
  • Peterson University Flake. En mis diferentes visitas a los estancos, era fácil que el University estuviese ahí, pero no lo cogía nunca. ¿Por qué? No lo sé. Igual cuando llegaba a ese lineal ya tenía muchas latas, tal vez me hubiesen hablado de él… Pero sean las razones que sean las maldije cuando abrí la lata. Me sorprendió el chorro de olor a naranja que salió de ella. ¿Cómo es posible? Yo, que presumo de sentidos en negativo, me veía rodeado de naranjales, de luz mediterránea… El caso es que regresé al mundo real, me preparé la pipa y lo disfruté. Lo disfruté todas las fumadas, lo regale y lo gocé cada vez que abría la lata y recibía ese olor. Fácil de fumar, para buscar sabores y disfrutarlo en silencio. Al escribir este párrafo caigo en la cantidad de veces que escribo disfrutar. Y sí, ese es el verbo para tener en cuenta a la hora de describir esta labor. Para tener en cuenta en mis rotaciones permanentes. Una joya para disfrutar.
  • Peterson My Mixture 965. En mayo escribí mi comparativa entre la época Dunhill y la Peterson. Desde entonces seguí fumando mi lata de Peterson. Posiblemente será la oxidación natural al abrirse, la humedad de Asturias… ¿Yo qué sé? Pero lo cierto es que la labor evoluciona, cada vez me recuerda más la Dunhill. ¿Autoconvencimiento? No lo sé. Dejo ese debate a otros expertos. Lo único que sé es que esa distancia que noté en la primera pipa es cada vez menor. Y para uno, que es un enamorado de My Mixture 965, respira tranquilo porque sabe de la tranquilidad de tener esta labor en el estanco de referencia.

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Dunhill contra Peterson

Pertenezco a la generación de pipa fumadores que pronuncia el nombre de Alfred Dunhill con respeto y admiración. Por eso, cuando me enteré de la desaparición de sus labores acopié todo lo que mi economía me permitió. Y así, poco a poco, han ido cayendo latas de Early Morning Pipe, Nightcap y, sobre todo, My Mixture 965, que personalmente defino com una de las mejores labores que jamás se han creado. También por esa razón me alegré cuando Scandinavian Tobacco Group compró el catálogo, las recetas que, además, en los últimos años producía en sus instalaciones danesas. Respiré tranquilo.

Pero empezaron los comentarios, los eternos debates piperos que, no vamos a negarlo, son parte del encanto de este mundillo. Los miré con cierta atención, no exenta de escepticismo. Hasta que llegó el momento de abrir mi última lata de My Mixture 965. Llevaba un par de años en mi casa, más el embodegado de su fabricante. Fue un momento especial que, además, compartí. Según iban cayendo las pipas de la labor y vaciando su contenido, el famoso debate regresó a mi fuero interno. Así que un día después de fumar un Dunhill, me agencié en el estanco de una lata de Peterson My Mixture 965 con la intención de abrirla en esa misma jornada y poder comparar. Así que os voy a narrar mi experiencia, aunque, ojo al dato, yo soy de los que tiene lengua de hojalata y no vais a encontrar esas maravillosas descripciones que leemos a Carlos Turrubiartes.

La primera impresión al abrir la lata fue positiva. Me llegaron los mismos olores que en Dunhill, sus notas ahumadas. Eran unas sensaciones idénticas. Nada que temer. Cargué la pipa y con el primer humo llegó la primera decepción. Menuda decepción.

No. El sabor no es el mismo. ¿Será efecto de cambiar el origen del tabaco? Las sensaciones de Peterson eran más suaves, más ligeras. Nada de la fortaleza que siempre me ha transmitido Dunhill. Tal vez es un cambio cultural. Los asturianos sabemos que la fabada actual se cocina con menos grasa que hace cincuenta años. En general, la sociedad ha evolucionado hacia sabores más ligeros. No digo que sea bueno o malo, es una impresión. Pero el caso es que ese primer sabor, y el segundo y el tercero, no eran los que tenía con la mezcla originaria, con esas fumadas que provocaron que la definiese como una de las mejores mezclas jamás creada y la incorporase a las rotaciones.

Sin embargo, sucedió un milagro. Según avanzaba la fumada, el sabor en la boca, las sensaciones me recordaban a la vieja labor. Los sucesivos apagados y encendidos (soy un fumador torpe, lo confieso) no hicieron más que alimentar esa impresión. Tan poco fue un efecto de las lágrimas al sentir que esa vieja amiga se había muerto. Era algo real. Estaba fumando My Mixture 965.

Así que mientras vaciaba y limpiaba la pipa me quedaba la sensación de haber fumado un My Mixture 965 al tiempo que sabía que, en algunos momentos, se había separado mucho del original. ¿Necesita Peterson más tiempo de producción para que las labores evolucionen en la lata y se parezca al original? No lo sé. Carezco de conocimientos para afirmar en un sentido o en otro.

En todo caso, este nuevo My Mixture 965 se merece mi voto de confianza, si bien, de momento, añoro a las labores que llegaban con el sello de mister Alfred Dunhill.

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Feliz cumpleaños, Pablo

Disfruto escribiendo en esta bitácora. Es mi principal motivación. Pero hay semanas en las que no disfruta especialmente con sus apuntes. Y esta semana fue especialmente gozosa por dos noticias: el cumpleaños de Cartago Pipes y el retorno a la actividad presencial del Barcelona Pipa Club.

Los inicios de Pipas y Tabaco no fueron fáciles. Aunque fumo desde 1990, hasta que comencé este proyecto, había estado ajeno al mundo pipero más allá de la visita al estanco y dejarme aconsejar, o no, por el estanquero. Una de las mayores dificultades fue, y es, conseguir fuentes de información. Así que no podrán imaginar la alegría que recibí cuando un día llegó al correo electrónico un mensaje de Cartago Pipes. Creo que andaban de aniversario y me comentó lo que iban a celebrar. Establecimos relación y, desde entonces, voy contando las andanzas de Pablo Chomsky. El apellido no es tal, sino un mote en honor a su vocación de filólogo. Desde la distancia, ha sido un fiel apoyo, un aliado, un amigo y un compañero que me ha dado mucho más aliento del que supone. Saludarlo hace dos años en Madrid fue toda una alegría. Como también lo que es que cumpla cuatro años en un universo tan complicado como este.

Cierto es que argumentos a su favor no le faltan. No vende una pipa que no compraría; es honesto y trata a la gente como le gustaría que le tratasen a él. Cuatro años de actividad es una buena noticia y, como tantos, espero que sean muchos más. Con los valores que aplica a diario y su humildad seguro que lo logra.

Pablo en 2018, es tímido y acordamos pixelar su cara, pero como no sé hacerlo hice lo que pude. Foto: PYT

Y la otra gran noticia es el regreso a la actividad del Barcelona Pipa Club. Sé que no será fácil y que varios de los actos de su agenda se caerán por las restricciones sanitarias. Pero para poder disfrutar de una buena pipa necesitamos estar vivos. Es una obviedad, pero que recuerdo en estos momentos tan duros.

Yo me encuentro entre las personas que han sufrido mucho en la epidemia. Y sigo sufriendo. He tenido que enterrar a familiares pidiendo al cura que se quedase en su casa ya que, por su edad, no quería correr más riesgos; he visto a gente caer enferma y sufrir durante meses en el hospital para seguir sufriendo posteriormente en su recuperación; he restringido mi vida social todo lo posible y paso todo el tiempo que puedo en mi domicilio hasta el punto que la calle comienza a producirme vértigo; he insultado y peleado contra convocatorias de ruedas de prensa en espacios pequeños y sin ventilación (y al llegar abría las ventanas); aplaudí en las ventanas y me alegré cuando comenzaron a vacunar en mi familia… Así que ver que se quiere recobrar la actividad, que se planifica y se trabaja me alegra, me da la esperanza, me anima a cargar a mi pipa y fumar por toda la gente de Barcelona.

En fin, fue una buena semana. Gracias por leerme.

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Elogio del catador

Una vez estuve tentado de abandonar la pipa. Es cierto que durante años he fumado poco (una a la semana, pero esa historia la dejo para otro apunte), pero hubo un momento en el que pensé en que el mundo de la pipa no era el mío.

Fue al principio, en los primeros meses. Cansado de que el Borkum me quemase la lengua y no encontrar por ningún lado ese sabor de cereza que esperaba y que el whiskey, ¿dónde estaba el whiskey? No aparecían esos sabores por ninguna parte. Éramos jóvenes y, todos los sábados, nos reuníamos en una tertulia literaria y aspirábamos a la eternidad. «Qué pretenciosos», me decía una novieta, pero aseguraba que me quedaba muy bien la pipa, así que seguía con mi pipa y mis dudas. Me quemaba menos la lengua, pero no aparecían esos sabores. Se fue la novieta pero la pipa continuaba a mi lado, en mi boca.

Lamentaba la ausencia de sabores y los avezados pipafumadores que me acompañaban sentenciaban: «Fumas demasiado rápido, ve más lento». Relajaba mi cadencia, pero no aparecía nada. No encontraba ningún sabor.

¿Y todo esto para qué? Me lo pregunté viendo el pipero que había comprado en mi querido Avilés después de haber recorrido casi todos los estancos. Apareció en una esquina, al fondo, en un estanco en la calle de El Muelle que había conocido tiempos mejores. Cuando el estanquero retiro el polvo antes de entregármelo, supe que no sería muy caro. Ahí sigue conmigo. Pero en ese momento me pregunté el sentido de todo eso. Tragar humo sin sabor a cereza, ni vanilla, ni café ni nada de nada; comprar papeletas para una enfermedad, y todo esto, ¿para qué? Fue el momento en el que más cerca estuve de dejar la pipa. Escuchaba Radio Clásica, me quedaban un par de días para un examen de Opinión Pública y retomé el estudio de Max Weber cargando la pipa. No recuerdo qué labor.

Seguí fumando, descubrí nuevos aromáticos, descubrí las mezclas inglesas, descubrí Dunhill y descubrí a los catadores. Ah, los catadores. ¿Qué haríamos sin ellos? ¿Inventarlos? A mí nunca se me hubiese ocurrido la idea, así que doy las gracias a Dios por la persona que, un buen día, decidió ser geógrafo del placer y convertir ese vino que para los mortales es un buen vino o un vino cojonudo en una elaboración con sabor a roble, aromas frutales y restos de vainilla en el fondo del paladar. Pero, si en el vino, resulta fácil escribir esa literatura, ¿cómo hacerlo con el humo? Algunas catas de puros parecen la hoja de compra para la frutería. Leo las catas de Carlos Turrubiartes y me atrevo a lanzarme a estos territorios ignotos.

Nunca he alcanzado esos sabores, ni de lejos. Tal vez algún matiz, pero no sabría vivir sin los catadores. La verdad es que hace tiempo que no fumo por buscar sabores (y eso me daría para otra opinión) pero los catadores son una parte fundamental. En ellos encuentro el profeta de una tierra a la que nunca llegaré; el maestro que me descubre nuevos tabacos, el amigo en la distancia; hay que leerlos y entenderlos, descubrir sus filias y sus fobias, su lenguaje y sus giros…

Gracias, catadores, por vuestro tabaco, por vuestra sabiduría, por vuestro lenguaje. Yo, al menos, me siento en deuda con todos vosotros.

Photo by Robert Zunikoff on Unsplash

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Apuntes para un nuevo año

Aún tenemos la decoración navideña por casa. Supongo que hoy comenzará ese momento triste de recogerla y aspirar que la alegría de estos días siga en nuestros corazones.

2021 es un año especial para PIPAS Y TABACO. Sobre todo porque vamos a cumplir dos años y, en este tiempo, he llegado a lugares donde nunca soñé estar. La cantidad de personas que he conocido en este tiempo, las relaciones de confianza, las catas que hemos organizado, los colaboradores que se han incorporado… No, nunca pensé llegar hasta aquí.

Pero vamos a seguir avanzando. No es bueno detenerse. Así que escribo mi lista de objetivos para 2021:

  1. Mantener el ritmo de entradas. No es sencillo, porque está el trabajo y los demás aspectos de la vida. Además de conseguir la información. Pero después de alcanzar el primer aniversario, supe que era posible y volveré a intentarlo.
  2. Escribir más artículos de opinión. De momento, aspiro a uno semanal, cada domingo. Sé que es muy posible no alcanzarlo (ver punto 1), pero sí acercarse.
  3. Poner en marcha la editorial. Es un proyecto heredado de 2020 y que, en 2021 debería ser una realidad. De momento, ya tengo una asistencia técnica y estoy trabajando en la edición del primer libro. Se organizará en dos grandes colecciones, una para autores clásicos y otra para contemporáneos.
  4. Mantener las catas virtuales. Ahora mismo estamos esperando la llegada de Yaqui Cigar y su distribución. ¡¡¡Vamos, Valencia, qué puedes!!! Y después a pensar en una o dos más para 2021.
  5. (?¿) Los interrogantes indican que aún no lo tengo del todo claro, por las complicaciones logísticas que implica. Pero le estoy dando vueltas a la idea de encargar una POY de Pipas y Tabaco.

Este es mi listado de objetivos. Por delante, doce meses para juzgar la medida en la que se cumplen. Y, al margen de lo que suceda, ¡¡¡feliz año a todos!!!

Foto de Jess Bailey descargada de Unsplash.

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Abrir la lata

Fumar en pipa es un conjunto de momentos placenteros. Al menos para un servidor. Pero quiero destacar uno en especial: el momento de abrir la lata. También el paquete. Podría titular el paquete, pero, por vulgar, el juego de palabras me aterra. Y recurrir al anglicismo pouch dañaría mi bien merecida fama de gramarnazi.

Pero no se trata de cualquier apertura. Matizo. Todas las aperturas son igual de satisfactorias, incluso en la que compruebas que es la última fumada en esa labor. Pero existe una que se coloca unos segundos por delante.

A estas alturas, los más listos de mis lectores sabrán que me refiero al descubrimiento, a la primera vez que abres una lata. Recuerdo el olor de mi primer paquete de Borkum Riff Whiskey con la añoranza de la adolescencia y me preocuparé seriamente cuando olvide esos aromas que llegaron al abrir mi primera lata de Dunhill Early Morning Pipe y que siempre han estado ahí; los que me llevaron al mundo de las mezclas inglesas y con los que empecé a disfrutar de verdad del tabaco de pipa. Y, confieso, temo el momento en que descubra mi Peterson Early Morning Pipe. Podría seguir escribiendo esos pórticos de gloria, esos anuncios del paraíso en mis manos. Y, aunque se producen en las siguientes cargas, carecen de la magia del descubrimiento.

Cada descubrimiento es una promesa de sabores, el inicio de un viaje que durará varias semanas (las que esa mezcla permanezca a mi lado) y numerosas aventuras. Son olores que se graban en la memoria, mojones que permanecerán en mi espíritu y que me ayudan a no olvidar de donde vengo.

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Nubes negras

Foto facilitada por Pexels

Los asturianos estamos a costumbrados a mirar al cielo y, en función de las nubes y su lugar en el cielo, sabemos lo que aguarda. Las nubes negras hacia la sierra del Bufarán vaticinan lluvia y, si las vemos hacia la ría de Avilés, igual libramos.

Recientemente he conversado con un estanquero sobre las nuevas restricciones al consumo. En su caso, la prohibición de la venta en la hostelería se ha traducido en una caída de las ventas del 50%. Y sólo eran datos de agosto, de quince días de prohibición. Septiembre puede ser peor.

Los pipafumadores somos ajenos al segundo canal. No recuerdo ningún hostelero que cuente con labores de pipa. Pero para los estanqueros es un factor importante de rentabilidad, de asegurar un beneficio para poder invertir en labores y lucirlas en su estante a la espera que de las compremos. Al tiempo, para los hosteleros es una fuente de ingresos.

Y esas son las nubes negras. Concedo que sólo es un estanco, pero cuando ha estado vendiendo hasta la actualidad sin prolema me temo que su caso se repita. ¿Lloverá? Seguramente, pero desconozco las posibles forma de la lluvia, ignoro si será orbayo, aguacero o tormenta.

Es decir, si sólo cerrarán estancos o despedirán a sus plantillas; si profundizará en la crisis de la hostelería. ¿Y qué hará el gobierno cuando los ingresos por la venta del tabaco comiencen a descender? ¿Anulará la prohibición, subirá los impuestos, gravará más los tabacos con menos carga fiscal? El viento trae frío y, en un escenario como el presente donde el estado necesita más ingresos para unos gastos que crecen de manera imparable (este año la deuda pública española crecerá por encima del 120% según voy leyendo).

No lo sé y me temo que de las posibles soluciones saldrá la peor. Así que cargo mi pipa para disfrutar de los últimos rayos de sol antes de la tormenta.