Elogio del catador

Una vez estuve tentado de abandonar la pipa. Es cierto que durante años he fumado poco (una a la semana, pero esa historia la dejo para otro apunte), pero hubo un momento en el que pensé en que el mundo de la pipa no era el mío.

Fue al principio, en los primeros meses. Cansado de que el Borkum me quemase la lengua y no encontrar por ningún lado ese sabor de cereza que esperaba y que el whiskey, ¿dónde estaba el whiskey? No aparecían esos sabores por ninguna parte. Éramos jóvenes y, todos los sábados, nos reuníamos en una tertulia literaria y aspirábamos a la eternidad. «Qué pretenciosos», me decía una novieta, pero aseguraba que me quedaba muy bien la pipa, así que seguía con mi pipa y mis dudas. Me quemaba menos la lengua, pero no aparecían esos sabores. Se fue la novieta pero la pipa continuaba a mi lado, en mi boca.

Lamentaba la ausencia de sabores y los avezados pipafumadores que me acompañaban sentenciaban: «Fumas demasiado rápido, ve más lento». Relajaba mi cadencia, pero no aparecía nada. No encontraba ningún sabor.

¿Y todo esto para qué? Me lo pregunté viendo el pipero que había comprado en mi querido Avilés después de haber recorrido casi todos los estancos. Apareció en una esquina, al fondo, en un estanco en la calle de El Muelle que había conocido tiempos mejores. Cuando el estanquero retiro el polvo antes de entregármelo, supe que no sería muy caro. Ahí sigue conmigo. Pero en ese momento me pregunté el sentido de todo eso. Tragar humo sin sabor a cereza, ni vanilla, ni café ni nada de nada; comprar papeletas para una enfermedad, y todo esto, ¿para qué? Fue el momento en el que más cerca estuve de dejar la pipa. Escuchaba Radio Clásica, me quedaban un par de días para un examen de Opinión Pública y retomé el estudio de Max Weber cargando la pipa. No recuerdo qué labor.

Seguí fumando, descubrí nuevos aromáticos, descubrí las mezclas inglesas, descubrí Dunhill y descubrí a los catadores. Ah, los catadores. ¿Qué haríamos sin ellos? ¿Inventarlos? A mí nunca se me hubiese ocurrido la idea, así que doy las gracias a Dios por la persona que, un buen día, decidió ser geógrafo del placer y convertir ese vino que para los mortales es un buen vino o un vino cojonudo en una elaboración con sabor a roble, aromas frutales y restos de vainilla en el fondo del paladar. Pero, si en el vino, resulta fácil escribir esa literatura, ¿cómo hacerlo con el humo? Algunas catas de puros parecen la hoja de compra para la frutería. Leo las catas de Carlos Turrubiartes y me atrevo a lanzarme a estos territorios ignotos.

Nunca he alcanzado esos sabores, ni de lejos. Tal vez algún matiz, pero no sabría vivir sin los catadores. La verdad es que hace tiempo que no fumo por buscar sabores (y eso me daría para otra opinión) pero los catadores son una parte fundamental. En ellos encuentro el profeta de una tierra a la que nunca llegaré; el maestro que me descubre nuevos tabacos, el amigo en la distancia; hay que leerlos y entenderlos, descubrir sus filias y sus fobias, su lenguaje y sus giros…

Gracias, catadores, por vuestro tabaco, por vuestra sabiduría, por vuestro lenguaje. Yo, al menos, me siento en deuda con todos vosotros.

Photo by Robert Zunikoff on Unsplash

6 comentarios sobre “Elogio del catador

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  1. Bonito artículo hasta que leo la parte que indicas… “tragar el humo”. Mal. Así claro que no degustas las notas del tabaco. Jjjj

    Un artículo diferente a los normales, Fer. Más íntimo, menos formal. Un gusto leerlo

    1. Entre nosotros, es una licencia de estilo porque nunca he podido tragar el humo, incluso alguna vez que fumaba un 🚬 la persona que me invitaba se descojonaba porque me decía que lo fumaba como una pipa.

  2. Muchas gracias por la mención. Es verdad que muchas veces no se encuentran las notas de cata durante la fumada, a veces, el tabaco es caprichoso y nos otorga esas notas cuando le da la gana.
    Lo importante no es fumar para encontrar notas y frustrarnos cuando no lo logramos, lo importante es disfrutar la fumada y gozar del momento cuando por fin una nota sale para acompañarnos en la fumada.
    Concuerdo contigo sobre el papel que desempeñan los catadores hoy en día, algunos muy valientes y creativos se aventuran a crear sus propios espacios, otros, debemos dar gracias a personas apasionadas (como es tu caso), por crear espacios como este y darnos un lugar donde poder expresarnos libremente.

    Un fuerte abrazo a la distancia y mis más sinceras gracias por permitirme ser parte del equipo de Pipas y Tabaco.

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