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Fumando en la quintana Opinión

Patriotismo tabaquero

En sus conferencias, Ana Fernández, embajadora de economía circular en los ratos libres que le conceden sus responsabilidades en ArcelorMittal, suele repetir que nuestra capacidad de influir como consumidores es mucho más grande de lo que pensamos. «Votamos cada cuatro años, pero consumimos a diario», es su acertado resumen sin entrar en rallys electorales del pasado.

Una capacidad de decisión que empieza en el momento en que vamos a comprar labores al estanco. La prohibición de vender por Internet vigente en España es ridícula y desfasada; pero esa pasión por descubrir nuevas labores a través del sexto continente no puede impedir que visitemos a nuestro estanquero de referencia.

Con ese sencillo gesto no sólo contribuimos a mejorar los ingresos de nuestro Estado en unos momentos en los que se necesita más recaudación que nunca (no está escrito con ironía); también ayudamos al comercio local y a empresas españolas como La Casa del Tabaco o Superestanco que luchan contra viento y marea por traer a nuestra calle marcas como Dan, Solani, Robert Lewis o Rattray’s… Los que llevan unas cuantas pipas a sus espaldas saben perfectamente lo que era visitar el estanco para sólo encontrar Dunhill como mejores opciones… Sí, no era mala. Pero, al menos para los que vivimos en provincias, era la única. Incluso las filiales de casas como Davidoff o Scandinavian merecen nuestro respaldo.

La única manera de contar con una distribución potente en España es apoyarla como fumadores.

Photo by JJ Jordan on Unsplash

No rechazo la compra por Internet, incluso la he practicado y la practicaré en el futuro. No voy a ser purista ni hipócrita, pero debemos apelar a nuestro patriotismo para conservar lo poco que nos queda de industria de distribución en España.