Dentro de este fascinante mundo del tabaco, la pipa es un arte que ha perdido popularidad aunque, desde hace algunos años ha ido ganando terreno y va poco a poco cobrando fuerza y posicionándose nuevamente entre los gustos del fumador. No obstante, el cigarro (puro) o habano, ha tenido siempre una posición privilegiada entre los gustos sibaritas en cuanto a tabaco se refiere, tan es así que, se tienen escuelas o asignaturas específicas para este tipo de tabaco dentro de las asociaciones de sommeliers. Por lo tanto, catar un puro es una tarea ya estructurada que, cuenta con ciertas herramientas que ayudan al catador a identificar ciertas características en ciertos momentos de la fumada para que, este pueda identificar las notas de cata con un poco más de “facilidad” y así mismo, transmitirlas al consumidor o público hacia el que va dirigida la cata.
Esto supone una ventaja para el amante del tabaco ya que, al tener estas catas de cigarro o habano, se cuenta ya con una base que podemos tomar como referente para cualquier tipo de análisis cuando se habla de tabaco. No obstante (en mi opinión), hemos abusado de este referente tomándolo como un mandamiento escrito en piedra a la hora de aplicarlo en otros tipos de tabaco para el cual no fue diseñado en principio. ¿A qué me refiero con esto? Tomemos como ejemplo el título de este artículo, “Los tercios”.
Hay que entender que el tabaco para pipa y el cigarro o Habano, si bien ambos son tabacos, se comportan de forma diferente al momento de fumarlos. Y es que el tabaco del cigarro o habano está construido y diseñado para ser más íntimo, no hay nada que separe el tabaco del contacto directo con la boca, no hay nada que impida que el cigarro o habano, respire durante la fumada ya que está expuesto al aire libre durante toda la fumada, por lo tanto, el tabaco respira a lo largo de la fumada. Si bien durante la fumada del cigarro o habano se produce humedad (lo que llamamos los aceites que libera el tabaco), esta se genera poco a poco y se acumula en la cabeza (tercer tercio) del cigarro o Habano. Además, esta magnífica pieza de tabaco solo requiere de un encendido (por lo general) y basta con ese solo encendido para disfrutar de una placentera fumada sin tener que experimentar el molesto sabor que se produce en un re-encendido.
Sería un tanto injusto tanto para el cigarro o habano como para el tabaco para pipa, darles el mismo trato ya que, tienen diferencias muy marcadas que no solo ahondan en las variedades o tipos de tabaco que cada uno utiliza (no entrare en detalles sobre las variedades del tabaco, los procesos de secado ni tipos de fermentación), sino en la forma en que combustionan y se fuman. El tabaco para pipa no tiene la oportunidad de respirar durante la fumada ya que está preso dentro de una cazoleta por lo que, genera humedad más rápidamente y la deposita al fondo de la misma. La brasa depende mucho más de la calada para mantenerse viva y no morir rápidamente, mantener un ritmo cuidando la calada y la brasa no es una práctica común a menos que se esté practicando una fumada lenta, por lo que, el fumador de pipa, tiende a encender y re-encender la pipa una y otra vez, tantas veces sea necesario durante el tiempo que el fumador considere mantener la fumada o bien el tabaco sea totalmente consumido. Es en el re-encendido de la pipa, donde nos encontraremos con la humedad ya generada por la fumada, esa que se intensifica en el encierro de la cazoleta. Como lidiar con esa humedad y evitar o minimizar en lo posible el amargor producido por la misma durante el re-encendido, es otro tema del cual se puede hacer un artículo a parte y del cual cada quien tiene su particular forma de resolverlo.
Son estas diferencias las que me hacen (en lo personal), dejar de dividir mis fumadas y referirme a ellas como evoluciones por tercios ya que, dividir una cazoleta en tercios no cobra tanto sentido si a la hora de encender el tabaco por primera vez, este será apisonado quedando desde un inicio casi en el segundo tercio o de lleno en el, además de tener que encender la cazoleta más de una vez durante la evolución de la fumada (cosa que no hago con un cigarro o habano). Es por ello que en mis catas, reseñas o comentarios suelo referirme a los términos “primer, segundo, tercer o X número de fuego” para expresar las notas o sensaciones que me genera la fumada cada vez que enciendo la pipa.
Desde luego, es mera apreciación y opinión mía que me ha llevado a debatir conmigo mismo una y otra vez si vale o no la pena dejar de referirnos a los términos empleados en las catas de cigarros habanos y en vez de ello, crear los términos propios de la cata para pipa y en conjunto con las mejores herramientas que ya han sido creadas para cigarro o habano, empujar por una mejor estructura en nuestras futuras reseñas, pero claro, yo soy un don nadie para hacer semejante propuesta, simplemente mi curiosidad me lleva a publicar esta opinión de la cual, estoy seguro, algún experto o animoso como yo, podrá dar una mejor opinión o sugerir como empezar con tal desarrollo.
Hasta aquí les dejo mi opinión así como mi reputación para que la hagan pedazos y les invito a dejarme sus opiniones o comentarios en el área destinada para ello dentro de esta publicación.
¡Buenos humos y felices tragos!

















