Con una población de algo más de 3,4 millones de habitantes y rodeado de dos gigantes como Argentina y Brasil, los pipafumadores uruguayos cuentan con su propio pipa club, que realiza un gran esfuerzo por mantener su afición. Y es que, en el pasado, diferentes gobiernos organizaron toda una batería de medidas para restringir el consumo de tabaco en el país, aprobando diferentes trabas legales. Aún así, el Club de Pipafumadores de Uruguay (CPU) mantiene la costumbre de reunirse los segundos viernes de cada mes para compartir un buen asado, whisky y disfrutar de sus pipas. Actualmente, acuden unas diez personas, si bien antes de las políticas prohibicionistas la cifra de participantes oscilaba entre cincuenta y sesenta personas. Sus socios pagan una cuota mensual, además de asumir entre los participantes los gastos generados en sus reuniones periódicas. En la web, aparece un correo de contacto.
Acostumbran a celebrar dos fumadas lentas al año. En junio organizan el encuentro que llaman junior, donde cada participante acude con su propia pipa. En octubre, es la cita senior, donde se encarga una cachimba a un artesano extranjero. En cierta manera, es su Poy, ya que, según nos explican desde el CPU, los encuentros no tienen carácter competitivo y, aunque hay un reparto de premios al final, no se desvela el nombre de los ganadores más allá del entorno del club para evitar polémicas innecesarias.
Los encuentros rotan por diferentes restaurantes de Montevideo, lugar de residencia de la mayoría. Su nombre no se hace público, ya que, aunque las citas son en espacios reservados, contravienen la normativa vigente y se quiere evitar problemas legales a los anfitriones.
En la cita senior de este año se contó con una Ivan Romagnolo, artesano que también aportó la POY del año pasado. Ya el año pasado habían contado con él y el trabajo les gustó tanto que optaron por repetir. En las imágenes de la galería hay dos fotografías de la pipa de este año, además de una tercera del encuentro. El tabaco fue aportado por uno de los socios, un aromático, si bien no nos indicaron que marca era. Como he indicado, aunque no hay registro de tiempos, el orden de apagado sirve para el reparto de los premios que acuden. Así, este año el último en apagar se llevó una pipa Lorenzo y, el resto, diferentes labores.


