Humo en el parque

El cálido sol del mediodía ayuda a combatir el frío acumulado a lo largo de la mañana que se presentó cubierta de gris y muy desapacible con temperaturas, a primera hora, que apenas conseguían situarse por encima de los cero grados.

El parque, situado en la ribera sur del río, es un pequeño espacio con suelo de tierra sobre el que se han instalado juegos infantiles sencillos: columpios, toboganes y un entramado de estructuras y redes a modo de «casita en el árbol». El espacio de juegos está rodeado por apenas media docena de bancos de madera.

Dos niñas muy pequeñas, quizás de unos tres años, acompañadas de sus madres se están columpiando y gritan de alegría cuando los cuidadosos empujones maternos las elevan al cielo.

Los gritos infantiles no parecen estar molestando al hombre mayor de poblada barba blanca que está sentado en uno de los bancos, la cara sol, los ojos cerrados, postura cómoda y relajada, y luciendo una especie de sonrisa de felicidad en sus labios. El rumor de las aguas del río, tranquilas y amansadas en ese punto, es la música de fondo que acompaña cada una de las caladas de su pipa.

Pablo Picasso 1969 L’Homme à la pipe assis

Esta mañana le acompañan una pipa Stanwell Bent Bulldog anillada en plata, una preciosidad que fue Pipa del Año 1990 de la alemana casa Schneiderwind de Aachen. El tabaco que la carga es el Black Parrot de Robert McConnell, una de sus mezcla preferidas.

La pipa es ligera en boca, etérea. El tabaco es delicioso. El ritmo de fumada muy tranquilo le permite percibir todos sus sabrosos matices. Los virginias son terrosos sin dejar de ser dulces, algunas notas cítricas parecen querer colarse en la boca. El perique se presenta especiado y acompañado de recuerdos de pan de higos. El humo llena la boca con generosidad y acaricia el paladar. Esta siendo una fumada memorable.

Casi acabando el último tercio se hace necesario usar el atacados para presionar las cenizas. En ese preciso momento se alzan gritos de alegría de una de las niñas del parque y se interrumpe la ensoñación. La pequeña se dirige con paso tambaleante hacia el barbado señor mayor, en su mano levantada esgrime un pequeño palo pulido, un perfecto atacador tallado seguramente por las aguas del río, que le entrega sin necesidad de palabras, Una gran sonrisa de complicidad los une por unos instantes. La pequeña regresa a sus juegos, el señor cierra de nuevo los ojos y regresa a su fumada virtual, ataca con suavidad las cenizas y culmina una fumada excelente. Contempla con cariño el obsequio recibido, le quita los restos de ceniza, lo guarda en el bolsillo y abandona al parque mientras va pensando en la pipa y el tabaco que fumará mañana.

Una de las mamás presente en el parque le comenta a la otra : Este señor viene al parque cada día sobre la misma hora, se sienta con la cara al sol y no deja de sonreír. Me gustaría saber en que está pensando.

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