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Humeando desde tierras aztecas Opinión

La «cata» de tabaco

Catar: Probar, gustar algo para examinar su sabor o sazón.

Si se dispone de tiempo y recursos económicos extra, se puede tomar un curso de sommelier especializado en tabaco (habanos y cigarros), que nos ayudará a conocer más sobre regiones, semillas, cosechas, plantaciones, fermentaciones, conservación, maridaje y toda una curricular al rededor del tabaco, tan completa como cualquier otra especialización del sommelier. Lamentablemente no existe, hasta donde yo sé, una preparación de sommelier de tabaco para pipa así que, por ahora, somos nosotros los que tenemos que buscar información sobre procesos de secado o curado, plantaciones, regiones, plantas, variedades de hoja, etc. Si bien la formación de un sommelier va mucho más allá de la acción de catar, esta no es una actividad exclusiva de este tipo de profesionales. Cualquiera puede catar un tabaco, el resultado en la descripción de sabores depende de quien esté realizando la cata.

No es un secreto que no tengo una formación de sommelier en tabaco y he visto en varios foros la errónea idea de que la cata de un tabaco es algo exclusivo del sommelier quien, por cierto, asumimos que tiene un paladar extraordinario.

Algunas veces he escuchado cofrades que dicen no encontrar las notas que todos mencionan a la hora de hacer una cata y, por lo tanto, asumen que no tienen un paladar desarrollado como el de un catador. Desde mi punto de vista esto es un mal enfoque del término cata. Al leer o escuchar una cata debemos tener en cuenta el lugar de residencia y cultura gastronómica del catador, ya que no todos los alimentos existen en el lugar donde residimos y mucho menos hemos probado todos los sabores y disfrutado de todos los aromas que existen en nuestros lugares de residencia. Lo que para mí es un olor a tepache (suelo mencionarlo mucho en mis catas) para otros es un aroma a la masa que usa para hacer pan cuando esta se está fermentando, para algunos otros será un olor muy parecido al cardamomo condimento que, por cierto, yo desconocía hasta hace relativamente poco, ya que, este condimento no lo había consumido nunca (mis padres jamás lo utilizaron en la cocina).

No debemos perder de vista que al hacer el ejercicio de catar un tabaco, lo que debe interesarnos es descubrir que sabores en ese tabaco puedo reconocer, que sabores, aromas y sensaciones se asemejan a aquellos que conocemos y que están en el ambiente que nos rodea día a día: los condimentos en la cocina, la banana o la naranja del frutero, las cáscaras de naranja en la basura, todos los desperdicios de basura orgánica mezclados, el picor del pimiento que nos hace estornudar, el sabor del cuero al morder nuestro viejo cinturón mientras la enfermera nos ponía la vacuna contra covid-19, etc.

Lo importante es comenzar poniendo atención en nuestro entorno, sus aromas y sabores para añadirlos en nuestra memoria gustativa y olfativa. Darnos una vuelta de vez en cuando por la cocina y sus especieros o pasear por el mercado para hacernos de algo de fruta y poder registrar los aromas de la pulpa, la cáscara así como sus sabores, nos ayudará muchísimo para poder tener una referencia a la cual asociar los aromas del tabaco. Consumir chocolates que van desde aquellos hechos de manteca de cacao y exceso de azúcares hasta los que tienen alto contenido de cacao (70%, 80%, 90%, 95% o 100%) nos ayudará a registrar los distintos matices de amargor que ofrece al gusto y al olfato. Darse la oportunidad de degustar distintos tipos de café nos ayudará a registrar diferentes niveles de acidez y tipos de tostado e incluso un amargor muy diferente al que ofrece la cocoa. Entrar al fascinante mundo de la cerveza nos llevará por una inimaginable gama de amargores propios del lúpulo y dulzores que ofrecen granos como la malta de cebada, el trigo, el arroz y el maíz que después podremos identificar en destilados como el whisky, el bourbon, entre otros. Consumir diferentes tipos de jugos o pulpas de frutas nos ayudará a registrar esos sabores y aromas cítricos, florales, perfumados y no olvidar el desperdicio que estos dejan en nuestros cestos de basura y que a partir de su desecho comienzan un proceso de fermentación que desprende aromas que también encontramos en el tabaco, la cerveza y la masa de pan en proceso de fermentación. Toda esta información queda registrada en nuestra memoria y nos ayuda a la hora de tratar de catar algo tan efímero como lo es el humo producido por el tabaco en combustión y el mismo tabaco antes de ser fumado.

En mi caso particular lo primero en que me enfoco es a encontrar los sabores primarios, es decir, identificar si el tipo de sabor que percibo en la boca o el gusto retro nasal es amargo, dulce, salado, ácido, astringente, tostado, ahumado, agrio, agridulce. A partir de estos sabores puedo comenzar a desmenuzar cada uno de ellos, asociándolos con aquellos sabores que conozco bien y que están en mi memoria y experiencia gastronómica o bien los aromas que puedo reconocer en mi entorno y mi día a día. Al catar una labor no me enfoco en encontrar una nota específica o aquellas notas que todo mundo menciona y que, en ocasiones, llegan a ser un cliché. Tampoco me dejo distraer por la popular rueda de los aromas o sabores que es utilizada por algunos catadores (herramienta muy útil por cierto), más bien dejo que el tabaco me arroje matices que yo pueda asociar con algún sabor o aroma que ya conozco. Solo recurro a esa rueda de aromas cuando encuentro una nota desconocida pero que se asemeja a algo conocido, en ella busco alguna ruta que pueda orientarme para definir ese aroma o sabor desconocido. Pero sin duda, la mejor herramienta que he encontrado es compartir mis impresiones de esa labor con otro fumador que tenga una memoria gustativa y olfativa similar a la mía.

No es sano liarnos con tratar de catar un tabaco, ya que caemos en el error de concentrarnos tanto en la fumada hasta llegar al punto de ya no disfrutarla y que ésta nos genere estrés. Es mil veces preferible disfrutar la fumada sin prestar atención a los sabores y dejar que estos nos sorprendan a que nos concentremos demasiado en su búsqueda y dejemos de disfrutar de nuestra labor en turno.

Una de las mejores formas de comenzar a catar un tabaco es simplemente dejar de poner atención en el tabaco y la fumada. En vez de ello, es mejor disfrutar el momento, el entorno, la compañía y dejar que de vez en cuando el tabaco nos reclame la atención con algún matiz que en ese momento nos sorprenda; justo en ese momento es que hay que poner a trabajar el cerebro y tomar nota de ese matiz que nos reclamó para poder asociarlo con algún aroma, sabor, sensación o recuerdo que nos venga a la memoria.

Tener la oportunidad de disfrutar una fumada en compañía de amigos es una excelente oportunidad para tener esos momentos espontáneos donde el tabaco nos reclama con algún matiz y es el mejor foro para exponerlo e intercambiar puntos de vista. Este intercambio de impresiones y opiniones nos ayudan a ampliar nuestra gama de sabores y aromas, ya que habrá quien pueda asociar ciertos aromas de mejor forma que nosotros o, simplemente, habrá algún sabor o aroma que no podamos reconocer del todo. Pero alguien más si pueda hacerlo y está justo allí para ayudarnos a descubrirlo.

Obviamente no soy un experto ni un profesional y habrá quien no coincida con mis apreciaciones y tenga otros puntos de vista. Eso es precisamente lo que nos ayuda a aprender y mejorar. el intercambio de puntos de vista y reseñas, metodologías y herramientas. Al final todo queda registrado para que podamos documentarnos y mejorar nuestras experiencias; sólo no olvidemos que lo importante de este hobby es disfrutar del momento, de la compañía, de la intimidad y de la labor que se dispone a ser encendida.

¡Buenos humos, felices tragos y #SMAC (Sin miedo a compartir)!

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¿Momentos para cada tabaco o tabacos para cada momento?

“En la tradición teísta existe la noción de aferrarse a una palabra. Cierto acto se considera desagradable a nuestros principios. Cierto acto se considera placentero a nuestros principios… cómo sea. En la tradición del no-teísmo, sin embargo, es muy claro que la historia de “X” caso no es particularmente importante. Lo realmente importante está aquí y ahora. Definitivamente ahora es ahora. Tratamos de experimentar lo que está disponible allí, en el lugar. No tiene sentido pensar que existió un pasado que podríamos tener ahora. Esto es ahora, este mismo momento, nada místico, solo ahora, muy simple, directo. Y de ese ahora, sin embargo, surge una sensación de inteligencia, siempre, de que estás constantemente interactuando con la realidad una por una, punto por punto, constantemente. De hecho, siempre experimentamos una precisión fantástica. Pero estamos amenazados por el ahora, así que nos vamos al pasado o al futuro. Prestando atención a los materiales que existen en nuestra vida, todas estas elecciones tienen lugar todo el tiempo, pero ninguna de ellas se considera mala o buena per se. Todo lo que experimentamos es una experiencia incondicional. No viene con una etiqueta que diga «Esto es malo» o «Esto es bueno». Lo experimentamos, pero en realidad no le prestamos la debida atención. En realidad, no consideramos que vayamos a alguna parte. Consideramos eso como una molestia. Eso es un problema. Y eso es no confiar correctamente en el ahora que realmente se experimenta, el ahora posee muchas cosas poderosas. Es tan poderoso que no podemos enfrentarlo. Por lo tanto, tenemos que tomar prestado del pasado, invitar al futuro, todo el tiempo.«

Chögyam Trungpa Rinpoche

De vez en cuando, abrimos una lata de tabaco y nos disponemos a cargar nuestra pipa para encenderla sin prestar atención en la fumada, el solo hecho de tenerla encendida y dar una calada en la comodidad del espacio que utilizaremos para fumar, nos da la satisfacción que nos hizo llegar a este hermoso arte. Algunas veces fumamos mientras hacemos alguna otra actividad y regularmente no préstamos atención al tabaco que se está fumando simplemente se fuma e inconscientemente, emitimos un dictamen sobre si la fumada nos gusta o no. Hay ocasiones que sin tener la intención de catar un tabaco o prestarle demasiada atención a la fumada, nos llegan ciertas notas que nos hacen disfrutar aún más ese particular tabaco que en otras ocasiones no habíamos disfrutado tanto. Muchas veces, sucede también lo contrario, un tabaco que antes disfrutábamos en cada fumada, de pronto, deja de ser placentero para nuestro paladar.

Es cierto que no es lo mismo fumar solo que fumar en compañía de alguien, cierto es también que el tabaco (como quiera que se fume) se disfruta más con el mejor maridaje que puede existir, una buena compañía. No obstante, ya sea solo o en compañía, hay ocasiones en que un mismo tabaco se disfruta mucho más que otras; ¿A qué se debe esto?, ¿será la compañía, el estado de ánimo, el clima, el humor, el ambiente, el entorno, la pipa o simplemente casualidad lo que nos hace disfrutar más ese tabaco en ese particular momento?

Mi compañero de fumadas, Dalí.

Las variables son muchas, es como esas ocasiones en las que puedes beber todo un paquete (24) de cervezas o una botella entera del destilado de tu preferencia y seguir firme como un roble y  otras ocasiones en las que con un solo trago, caemos en un estado etílico exagerado como ese que se alcanza cuando se bebe como si no hubiera mañana.

Algunas veces fumando solo y sin la intención de catar un tabaco, este me ha dado más notas  que aquellas veces en las que pretendo catarlo y puedo pasar toda la fumada sin encontrar nada en particular. Otras veces, fumando en grupo, me pierdo en la charla y no me concentro en la fumada e irónicamente, llegan a mi paladar y retrogusto un mar de notas que me distraen de la charla y me hacen prestarle atención al tabaco, por el contrario, hay ocasiones en las que tratando de hacer una cata grupal, simplemente no percibo nada más que la sensación de que me guste o no el tabaco sin saber realmente el porqué.

Por eso surge la pregunta que da título a esta publicación, ¿Hay tabacos para cada momento o momentos para cada tabaco?

Inevitablemente esta pregunta me hace también recordar anécdotas de cofrades con los que he tenido la oportunidad y el honor de intercambiar puntos de vista, algunos de ellos como el Sr. Carlos Varas del Pipa Club Rosario (Argentina) quien mencionó en alguna ocasión que tenía un montón de latas guardadas de un tabaco que en su momento adoraba, sin embargo hoy en día es un tabaco que ya no es de su gusto, algo cambio en su paladar o gusto que hoy simplemente dicho tabaco ya no es de su agrado.

“No guardes pipas o tabacos para momentos especiales, el momento más especial es este, mañana tal vez ya no estés vivo o en condiciones para disfrutarlo”

Antonio Fink

Esta frase es muy común escucharla del Sr. Antonio Fink del grupo Pipa fumadores de México unidos, o bien, verla escrita en sus redes sociales de vez en cuando, muchas veces acompañadas de tristes noticias sobre algún cofrade que por salud tiene que dejar de fumar y por ello decide deshacerse de todos sus tabacos y pipas entre los cuales hay pipas y tabaco que nunca se fumaron.

Esto también me hace meditar más sobre la posible respuesta a la interrogante que da pie a esta publicación, ¿acaso lo mejor será simplemente cargar la pipa con el tabaco que se nos antoje y disfrutar de lo que ese tabaco puede ofrecer a nuestro estado anímico en ese preciso momento?

¡Definitivamente algunas veces es mejor no pensar y simplemente disfrutar el aquí y ahora, como sea que este se presente!

¡Buenos humos, felices tragos!