A lo largo de las últimas semanas, parte de la comunidad pipera se ha visto sobresaltada por las aventuras, más bien desventuras, del youtuber pipero Pipa Young, nombre como el que era conocido Pablo Rubio, también llamado Pablo Young.
Pablo Rubio adquirió notoriedad en el mundo pipero hace dos años. En junio de 2018 creaba el canal Pipa Young en Youtube e iniciaba una campaña de promoción en diferentes grupos y foros piperos con prácticas que rozaban el spam, como colgar sus videos sin venir a cuento y tratar de buscar notoriedad. Su estilo desenfadado y barroco logró que sus intervenciones despertasen el interés y se hablase mucho de él; posiblemente demasiado. Para unos se trataba de un payaso, de un farsante que contribuía a alimentar la imagen de que los pipa fumadores somos unos seres extraños; para otros era la oportunidad de rejuvenecer y llegar a públicos jóvenes.
De esa manera, Pablo Rubio se convirtió en una creciente estrella y comenzó a ejercer de divo. Sus opiniones se convirtieron en dogmas. Sus gracias eran jaleadas y aplaudidas por sus seguidores mientras comenzaba a evidenciar algunos comportamientos que evidenciaban algún tipo de trastorno emocional y,o intelectual. Carezco de preparación profesional para discernir el tipo. Su máxima aportación intelectual fue divulgar una diferencia entre la old school y la new school, los veteranos fumadores de pipa y los jóvenes que, lógicamente, le aplaudían mientras él censuraba a todos aquellos que discrepasen de sus ideas. Famosa fue su discrepancia con Fabián Cuesta, al que convirtió en su enemigo público número 1. Un servidor, después de haber comentado la posible influencia de psicotrópicos en su comportamiento, recibió un correo electrónico suyo lleno de sandeces comunicándole que lo incluía en «su lista de enemigos piperos».

Sin embargo, no todo era felicidad en el mundo de Pipa Young. Su falta de empatía comenzó a cerrarle puertas y provocar la expulsión de diferentes canales y grupos donde no cesaba de lanzar sus ironías y descalificaciones hacia otros pipa fumadores. Especialmente sonados fueron sus encontronazos contra Fabián Cuesta. Posiblemente, el silencio e indiferencia de Cuesta a los emoticonos y lindezas que le generaba alimentaba su rabia. Pero ese era el menor de sus problemas.
A lo largo de este verano comenzó a plantearse la idea de generar dinero con su canal de Youtube. Después de todo había pasado de ser el fumador en pipa de maíz en una calle de Sevilla a tener mil seguidores en you tube, que para las tonterías que decía eran muchos, pero en las cifras de You Tube no son nada. Esta tarde, escuchando un youtuber de los que sigue mi hija que ganan dinero de verdad comentaba que había superado los dos millones de seguidores viendo como juega al Minecraft y dice tonterías. Y eso me parece un mérito de la leche.
Pero, a estas alturas de la película, ya sabemos que el equivocado es el mundo y Pipa Young comenzó a pensar la forma de monetizar su canal. Algo, por otra parte legítimo, totalmente legítimo pero muy complicado en España por las restricciones legislativas a la publicidad del tabaco.
Así que busco otro sistema: la mercadotecnia. Si Cristiano Ronaldo vale casi tanto por sus camisetas como por sus goles, ¿por qué yo no? Diseñó sus camisetas, comenzó a promocionarlas, a venderlas, a recibir el dinero, a recibir el dinero, a recibir el dinero…. Y ahí se acaba la parte bonita de la historia. En ese momento, hablamos de finales del pasado verano, alcanzó la más absoluta de las miserias desde la nada sevillana de la que había salida. Los compradores comenzaron a preguntar, a reclamar las prendas o, en su defecto, la devolución del dinero.
Nada de nada. Ni ropa ni dinero. Pablo Rubio comenzó a expulsar a quienes les pedían cuentas, al que preguntaba por su dinero. Comenzaron las movilizaciones y a organizar posibles acciones penales. La estrella de Pipa Young se estrellaba. En esa dinámica alocada de silencio y huida hacia adelante no respetó ni a los pocos amigos que había llegado a tener, entre ellos Davide Dogo, fundador y CEO de Pipa y Barba, nuestro blog hermano. Dogo le propuso lanzar juntos la pipa de este año, idea que Rubio aceptó y que, en la práctica, significó que en la pipa fabricada irían sus respectivos logos. Nada más. Davide Dogo se encargó de gestionar los cobros, recogió el dinero, se lo entregó al artesano seleccionado y veló porque el proceso de fabricación respetase el estándar de calidad que se había fijado, como así sucedió. Una vez construidas las cachimbas, todos los suscritos la recibieron. ¿Fin de la historia? No, queda algo más que contar.
Los rumores comenzaron a circular por la red y alimentaron la idea de que la POY había sido una estafa como las camisetas. Incluso en este blog se recibió un comentario en este sentido rápidamente desmentido por los participantes. Davide Dogo emitió el 25 de septiembre un comunicado oficial en el que censuraba el comportamiento de Pipa Young y se desvinculaba totalmente de él, despejando sus dudas. El comportamiento de Dogo siempre ha sido honesto, no ha causado ningún quebranto a nadie. Por su parte, Pablo Rubio persistía en su huida; expulsaba de sus grupos de Whatsapp a todo el que le pedía cuentas y borraba todos videos de su canal de Youtube. También desaparecía de su grupo de Facebook.

dibujo de Frédéric Bennett.
Fuente: Wikipedia
Y así queda la historia. Queda por ver si las denuncias llegarán a buen puerto o no; si avanzará el proceso judicial o no. Pipa Young ha retirado todos sus videos de su canal y también ha desaparecido de los grupos en los que participa, incluso que llevan su nombre. Lógicamente, ignoro si volveremos a verlo por el sexto continente. Supongo que se convertirá en un troll, que entrará en este blog para ponernos a parir, que difamará, que se arrastrará como un Gollum; no sé si la gente le perdonará o se la sudará lo que haga en el futuro. Pero sí tengo claro que aquellos que lo conocimos, vimos sus videos y tuvimos algún trato con él hablaremos periódicamente de este Sméagol de las pipas de maíz.

