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Tras la pipa

MUNALLI

A modo de introducción

A principios del año 2020 publiqué en varios foros un hilo dedicado a la historia de la pipa en Roma, partiendo de una foto de la tienda Carmignani y hablando de los artesanos que en ella aparecen.

Entre esos artesanos se encuentra el misterioso Munalli (arriba a la izquierda), de quien nadie parece saber nada. En Pipedia aparecen dos líneas dedicadas al mismo, ilustradas con la misma fotografía del grupo de artesanos, y se dice que ni se conoce su nombre.

Cuatro años después de mi publicación recibo un mensaje:

“Soy Massimo Munalli.

Quería aclarar que Giorgio Musicò era el vendedor de la empresa Carmignani y nosotros, los hermanos Munalli, éramos los artesanos de las pipas estampadas Munalli.”

Tras la sorpresa inicial empiezo mis conversaciones con él. Trataré de mantener al máximo sus palabras, simplemente enlazando las múltiples charlas mantenidas.

Claudio y Massimo Munalli

Soy Massimo Munalli, nací en 1947 y mi historia es muy simple…

En la famosa foto de Carmignani, la persona con gafas y bigote a la izquierda es mi hermano Claudio, nacido en 1949, quien lamentablemente falleció en 2018 a causa de una infección grave.

Corría el año 1976/77, éramos dos hermanos muy creativos y nos apasionaba la carpintería.

Habíamos descubierto la tienda de Carmignani porque mi hermano había empezado a fumar en pipa.

Mostrador de la tienda Carmignani en aquella época

Empezamos a hacer pipas para nosotros como hobby, ya que ambos teníamos nuestros trabajos. Cuando conocimos a Giorgio Musicò, que trabajaba en Carmignani, nos animó a que las hiciéramos para la tienda.

Al principio simplemente utilizábamos limas y varios tipos de papel de lija, partiendo de tacos pretaladrados y la boquilla ya adaptada.

Después de aproximadamente un año decidimos darnos a conocer y tener nuestra propia marca y así nacieron las pipas Munalli. Celebramos este evento junto al artesano Fritz Becker, con una cena en un restaurante de Roma seguida de un concurso de fumada lenta con todos los amigos y clientes de Carmignani.

Cuando empezamos a usar escalabornes (es decir, tacos enteros de brezo) compramos un pequeño torno que era fundamental para la parte técnica, que debía realizarse perfectamente para garantizar que la pipa fumase bien. Incluso las boquillas de metacrilato requerían trabajo, y las comprábamos a empresas especializadas que las enviaban por correo.

El garaje de mi abuelo era nuestro taller y sólo trabajábamos mi hermano y yo, después de nuestra jornada laboral. Cada uno de nosotros realizaba las pipas desde el principio hasta el final.

Claudio Munalli

Para producir con menor esfuerzo y tiempo, utilizábamos pequeños motores eléctricos (obtenidos de lavadoras o similares) equipados con hojas circulares de papel de lija. Visitando a otros artesanos aprendimos qué lijas utilizar, desde las más bastas hasta las más finas, para obtener una hermosa pipa lisa, que luego se pulía con cera de carnauba.

Para los arenados recurríamos a un amigo que tenía la maquinaria adecuada.

Massimo Munalli

El brezo que utilizábamos era de Calabria y se lo comprábamos a un cortador de brezo calabrés de apellido Richichi. Él también fabricaba algunas pipas. En una ocasión fuimos a elegir los escalabornes a Liguria, a la ciudad de Arma di Taggia cerca de San Remo, donde se abastecía Baldo Baldi, pero no encontramos un producto superior al que ya estábamos usando.

También vendimos nuestras pipas en Perugia y la Toscana, manteniendo siempre excelentes relaciones no sólo con Giorgio Musicò, sino también con otros artesanos como Vascello, que trabajaba en Cerdeña, Fritz Becker, y todos los amigos que frecuentaban la tienda donde nos reuníamos a menudo por las tardes para fumar y charlar.

Íbamos a menudo con Giorgio Musicò a visitar a otros artesanos. Así conocimos a Carlo Scotti en Cantù, que fabricaba las pipas Castello. Fuimos también a Inglaterra, donde conocimos la famosa tienda Astley’s de Londres, famosa por las pipas de espuma de mar.

Produjimos alrededor de 50 pipas al año desde 1979 hasta 1988.

Después de varios años se vendió la tienda Carmignani a la vez que nosotros reducíamos nuestra pequeña producción de pipas. Además, debido a diferentes elecciones, tanto mi hermano como yo nos fuimos a vivir fuera de Roma y cada uno de nosotros comenzó a cultivar intereses diferentes. Mi hermano empezó a dedicarse a la pintura y yo dediqué tiempo al deporte, la pintura y los viajes.

Mientras tanto, Giorgio Musicò abrió su propia tienda en colaboración con Becker.

Aún hoy, tras muchos años, no he olvidado ese hermoso período de mi vida. Algo bueno hicimos y ha quedado en la memoria de las personas. Tal vez incluso mi hermano, en este momento, estaría feliz por ello.

Claudio Munalli

Para finalizar

Es emocionante poder dar visibilidad a un artesano del que no hay información alguna en la red. Ha sido una labor arqueológica muy placentera la de preparar este artículo.

Quiero agradecer enormemente la buena disposición de Massimo y de su esposa Enrica, que han respondido a mis múltiples preguntas y han buscado fotografías para ilustrar este texto.

Massimo y Enrica

Massimo Munalli recuerda con mucho cariño toda aquella época y sigue teniendo en uso algunas de las pipas que elaboró.

No quiero finalizar sin agradecerles haber podido incorporar a mi colección una de sus pipas, que tras 40 años seguía esperando a su dueño.

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Las artes del buen pipar

«Las artes del buen pipar», así se titula el reportaje firmado por Carlos V. Bonet, ganador del galardón “X Premio Manuel Brunet” que se publicó el ya lejano 8 de Marzo de 1975 en la desaparecida revista Destino.

Copias de ese largo artículo, que ocupa seis páginas de la revista, nos fueron entregadas, hace unos días, por un amigo pipafumador y destacado coleccionista de pipas que tuvo el valor de recibir en su casar a un nutrido grupo de compañeros del gremio humeante.

El reportaje en cuestión trata todos los aspectos del “buen pipar”. Habla del origen y usos del brezo, de sus virtudes, de su belleza. Detalla su clasificación según las vetas de la madera, que el autor llama “años”: Stright(sic) Grain; Bird’s Eye Perfect; Bird’s Eye; Bird’s Nest; Flame Grain; Mixed Grain; Off Grain.

Nos cuenta los distintos acabados de la madera y se extiende explicando las razones de cada uno según el grano de cada pieza. Habla de las formas, “modelos”, que distribuye en dos grandes grupos,  Clásicas y Fancy, y de las más habituales, Billard (sic), Apple, Dublin, Bulldog y Pot, explicando sus ventajas e inconvenientes. Explica las formas de las boquillas, “denteras”, su clasificación y sus dimensiones.

Cataloga las mezclas de tabaco, los “caldos”, según sus componentes y los cortes. Habla de los complementos y útiles de limpieza. Expone imágenes de las formas clásicas de las pipas de brezo. Nos cuenta las técnicas adecuadas para fumar en pipa. Establece una decálogo de normas, ”mandamientos” , del buen pipar que resume en dos: Amarás y cuidarás tus pipas y los tabacos, y fumarás siempre con tranquilidad y conocimiento.

Grabado de la Enciclopedia de Diderot de 1791. Una de las imágenes incluidas en el artículo.

Cierra el artículo con una curiosa e interesante distribución de los fumadores de pipas según criterios geográficos, sociales, evolutivos y económicos que le conducen a dibujar tres imágenes del fumador de pipa:

  • Un lobo de mar danés retirado, sesenta años, que vive en una casa de madera al borde del acantilado.
  • Un jefe de Brigada Criminal de Scotland Yard, cincuenta y dos años, pelo blanco, pulcro, tres hijos. Una casa con jardín en las afueras de Londres.
  • Un escritor canadiense de cuarenta años, retirado en las montañas. Solo.

El reportaje no tiene desperdicio, es ameno, divertido e instructivo, un manual básico que deberían leer todos aquellos que deseen iniciarse en el mundillo de los piperos. El lenguaje es culto, algo arcaico y socarrón, denota pasión y un profundo conocimiento sobre lo que escribe.

No puedo resistirme a detallar algunas de las perlas que contiene el artículo. Refiriéndose a la mala prensa de los fumadores: “… seguimos ignorando que, así y todo, mueren tres veces más personas de mal comer y mal beber que de mal fumar” y remata “Coja usted su pipa. Queme sólo tabaco. Take your time. Viva muchos años”.

Hablando de las pipas con “Stright (sic) Grain” dice “Los años recorren verticalmente la superficie total de la pipa, completamente paralelos unos a otros, del borde superior al fondo o base. El fumador la sostiene entre sus dedos con infinita dulzura, contemplándola entre el humo azul. Es la perfección suma…”

Los capítulos dedicados al tabaco son muy interesantes. En esos años los tabacos americanos, daneses y alemanes no tenían apenas relevancia comercial, el gran mercado estaba dominado por las mezclas británicas (Dunhill, Fribourg &Treyer, Astleys, John Player, Wills, Thomson & Porteous…). Al escribir sobre Virginias menciona el tabaco “Baby’s Bottom Virginia” del que dice “mezcla con la que, al conjuro de su sola mención, vibrarán las aletas nasales de cualquier pipador experimentado”  comentario delicioso, sublime según la opinión de quien nos regaló las copias del reportaje.

En esa época la base de las mezclas aromáticas no eran los salseados ni los sabores añadidos. Según cuenta el autor: “El encanto de la mixtura se halla en los aromáticos tabacos crudos, principalmente Latakia y Perique. Son éstos la base de la mezcla aromática, del mismo modo que el pan para el mundo occidental o el arroz para el oriental constituyen el apoyo culinario fundamental sobre el que se construye un notable edificio de complejos sabores”.

Acaba el documento con estas palabras: “La pipa, primitivo instrumento que ha ganado ya la batalla del tiempo. El pipador, una filosofía viviente, socarrón, pensador, actitud frente a acción, creación frente a labor. Por ello, mi querido amigo, si es usted ejecutivo de una empresa de más de cincuenta empleados, no fume en pipa, por favor. Me odiaría.”

Buscad en mercadillos de libros y bibliotecas la revista Destino publicada el 8 de Marzo de 1975, si la encontráis leed con calma el premiado reportaje de Carlos V. Bonet, os divertiréis y quizás os ocurra como a mí, he recordado cómo y porqué me aficioné a pasear con una pipa en la boca.

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El zurrón del pastor

Un par de certeros golpes del chispero sobre la piedra foguera bastaron para prender la yesca sobre la que colocó unas delgadas astillas de madera de pino cargadas de resina. El fuego cogió aliento. Añadió con cuidado ramas secas de olivo y almendro y frotó sus manos sobre las llamas.

Descargó el contenido de su zurrón sobre una piedra plana a la vera del fuego. Deshizo el hatillo de piel de cabra del que sacó una gruesa trenza de pota, sacó de su bolsillo el cuchillo y cortó unas rodajas delgadas del potente y oloroso tabaco. Desmenuzó las rodajas entre sus manos y cargó su vieja pipa de madera de almendro.

Antes de encenderla la contempló con cariño. La había fabricado hacía ya muchos años. La madera ennegrecida por el paso del tiempo y el humo brillaba tenuemente a la luz de la lumbre. Los bordes de la cazoleta y el caño estaban protegidos de grietas y golpes por aros de hierro cuidadosamente ajustados. La cánula de acebuche estaba tallada formando un reborde en la boquilla que le permitía fumar con la pipa colgada de la boca.

Con las tenacillas de hierro cogió un carbón del tamaño de un garbanzo y lo colocó sobre el tabaco, aspiró con fuerza un par de veces, retiró el carboncillo y presionó el tabaco con el atacador. Apreció el humo denso y poderoso en su boca, un poco ácido quizás, pero muy agradable.

Sentado sobre un tronco frente al fuego, su fiel perro tendido a su lado, el pastor fumaba tranquilo contemplando el cielo despejado.

Foto de Sebastián Bonet. Colección del taller de Pipas Bonet.

Es fácil imaginarse la escena que acabo de relatar contemplando los utensilios de fumar hallados en el interior del zurrón de un pastor que podéis ver en la colección del taller de Pipas Bonet en Palma de Mallorca. Una pipa de madera, probablemente de almendro con borde de cazoleta y caño protegidos por aros de hierro, un chispero, pedernal, un aro sujetando un atacador, un pincho y unas tenacillas, y un tubo de madera forrado de piel para transportar la yesca.

El pastor fumaría “pota”, tabaco cultivado de manera artesanal en las Islas Baleares. Las hojas secadas al sol y trenzadas en cuerdas gruesas se envolvían en piel de cabra o cordero y se dejaban fermentar durante meses cubiertas por la paja de cuadras y establos o en un hoyo cavado en tierra. El resultado era un tabaco potente de aroma en ocasiones insultante. Especial fama por su calidad alcanzó la pota de la isla de Ibiza.

Foto cedida por Sebastián Bonet.