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El resurgir del Pipa Club de España

Hace ahora 48 años, el día 11 de Marzo de 1975, se  constituyó en Palma de Mallorca el Pipa Club de España bajo los auspicios de un numeroso grupo de pipafumadores entre los que se encontraba el Maestro Joan «de ses Pipes» Bonet.

Durante esos años, a pesar de la escasez de labores del tabaco y el limitado número de fabricantes de pipas, británicos los de mayor prestigio, fumar en pipa estaba de moda y a lo largo del territorio nacional surgieron los clubes de fumadores casi siempre inspirados en el PCdeE que aportó las cláusulas y normas que permitieron salvar los escollos burocráticos y la desconfianza con la que las autoridades de la época asistían a la creación de sociedades civiles ajenas a los modelos políticos vigentes.

Las cláusula y normas a que me refiero fueron importadas de los clubes de fumadores suizos, que atesoraban una larga historia pipera.

Los años siguientes a su creación, extendiéndose a los largo de las décadas siguientes, el PCdeE participó en encuentros y campeonatos nacionales de fumada lenta, ayudó a difundir la cultura pipera y organizó actos y eventos de gran relevancia, llegando a reunir en Palma de Mallorca a 2.000 aficionados fumando de una única y gigantesca pipa creada por Joan Bonet para la ocasión.

Pasó el tiempo. Fumar en pipa cayó en desuso. Aparecieron las políticas anti-tabaco. Llegó la pandemia del Coronavirus.

Hasta ese momento un puñado de piperos recalcitrantes mantuvo viva la llama del PCdeE organizando reuniones periódicas en un conocido restaurante de Palma que les ofrecía un espacio propio en el que encender sus pipas con total libertad. La pandemia arrasó de un manotazo las sedes sociales, prohibió los encuentros, fijó su vista en los fumadores, les impidió fumar en espacios públicos y los etiquetó como personas no gratas.

A pesar de las dificultades, o quizás gracias a ellas, ese puñado de recalcitrantes continuó reuniéndose, ahora en sus domicilios particulares, compartiendo charlas, humos y compañerismo, y hablando de un futuro que ayer se convirtió en realidad.

Reunidos en Establiments, a las afueras de Palma de Mallorca, los miembros del Club celebraron elecciones para la creación de una nueva junta directiva que quedó constituida como sigue:

Presidente: Sr. Carlos Moreira López-Monis

Vicepresidente: Sr. Francisco Argente Sánchez

Secretario-Tesorero: Sr. Manuel Feliu Gutierrez

Community Manager: Sr. José Antonio Hortas Capllonch.

Y así, a diez de días de cumplir 48 años, el Pipa Club de España resurge, se renueva, y levanta las pipas al grito de “larga vida al Club”.

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Honesto, poderoso, natural

Sencillamente tabaco. Un poderoso Burley de Malawi es el corazón del Dockworker Flake, mezcla de la serie United Passion Flakes de HU Tobacco de la que nos ocupamos hoy en este artículo. El Dockworker viene en latas de 50 gramos bien selladas y se vende en el mercado alemán a través de los distribuidores habituales de la casa.

Al abrir la lata encontramos una amalgama de «flakes» formando un taco de unos 5 x 3 x 2 cm de color marrón marmoleado con vetas oscuras e inclusiones doradas.

El aroma inicial es ácido y dulce a la vez, como de frutas confitadas y peras en almíbar. En segundo plano notamos notas de chocolate, algarrobas y nueces, todo ello ligeramente especiado.

Al deshacer unas tiras para cargar la pipa, su escasa humedad lo permite sin más esperas, se hacen patentes los aromas comentados y aparece uno nuevo que nos recuerda el café en grano tostado.

El Dockworker es una mezcla de Burley de Malawi con Virginias de Zambia, India y Filipinas, a los que se añaden tabacos orientales, utilizados en este caso como especias para dar personalidad a la mezcla. No lleva ningún otro componente aromatizante, sólo tabaco.

La pipa enciende fácil. No quema, no irrita la lengua ni la nariz, y sin embargo se nota poderoso, algo más allá de la fortaleza media anunciada por HU. Se mantiene encendido sin esfuerzo a pesar de fumar con calma.

El Burley está presente a lo largo de toda la fumada, de la mano con los Virginias que se sitúan quizás un paso por detrás. En el último tercio de la fumada aparecen sutiles llamadas de los Orientales anunciando su presencia. En boca tengo sabores a cacao tostado y notas dulces.

Definiría esta mezcla como un VaBur, o para ser más fiel a las sensaciones de la fumada como un BurVa ligeramente condimentado con Orientales. Es un tabaco poderoso, honesto, natural y cálido, ideal para esta tarde fría y ventosa. Marida perfectamente con el café que me estoy tomando pero casaría muy bien con una taza de chocolate caliente. Me gusta, procuraré tener siempre un par de latas en la bodega.

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Las artes del buen pipar

«Las artes del buen pipar», así se titula el reportaje firmado por Carlos V. Bonet, ganador del galardón “X Premio Manuel Brunet” que se publicó el ya lejano 8 de Marzo de 1975 en la desaparecida revista Destino.

Copias de ese largo artículo, que ocupa seis páginas de la revista, nos fueron entregadas, hace unos días, por un amigo pipafumador y destacado coleccionista de pipas que tuvo el valor de recibir en su casar a un nutrido grupo de compañeros del gremio humeante.

El reportaje en cuestión trata todos los aspectos del “buen pipar”. Habla del origen y usos del brezo, de sus virtudes, de su belleza. Detalla su clasificación según las vetas de la madera, que el autor llama “años”: Stright(sic) Grain; Bird’s Eye Perfect; Bird’s Eye; Bird’s Nest; Flame Grain; Mixed Grain; Off Grain.

Nos cuenta los distintos acabados de la madera y se extiende explicando las razones de cada uno según el grano de cada pieza. Habla de las formas, “modelos”, que distribuye en dos grandes grupos,  Clásicas y Fancy, y de las más habituales, Billard (sic), Apple, Dublin, Bulldog y Pot, explicando sus ventajas e inconvenientes. Explica las formas de las boquillas, “denteras”, su clasificación y sus dimensiones.

Cataloga las mezclas de tabaco, los “caldos”, según sus componentes y los cortes. Habla de los complementos y útiles de limpieza. Expone imágenes de las formas clásicas de las pipas de brezo. Nos cuenta las técnicas adecuadas para fumar en pipa. Establece una decálogo de normas, ”mandamientos” , del buen pipar que resume en dos: Amarás y cuidarás tus pipas y los tabacos, y fumarás siempre con tranquilidad y conocimiento.

Grabado de la Enciclopedia de Diderot de 1791. Una de las imágenes incluidas en el artículo.

Cierra el artículo con una curiosa e interesante distribución de los fumadores de pipas según criterios geográficos, sociales, evolutivos y económicos que le conducen a dibujar tres imágenes del fumador de pipa:

  • Un lobo de mar danés retirado, sesenta años, que vive en una casa de madera al borde del acantilado.
  • Un jefe de Brigada Criminal de Scotland Yard, cincuenta y dos años, pelo blanco, pulcro, tres hijos. Una casa con jardín en las afueras de Londres.
  • Un escritor canadiense de cuarenta años, retirado en las montañas. Solo.

El reportaje no tiene desperdicio, es ameno, divertido e instructivo, un manual básico que deberían leer todos aquellos que deseen iniciarse en el mundillo de los piperos. El lenguaje es culto, algo arcaico y socarrón, denota pasión y un profundo conocimiento sobre lo que escribe.

No puedo resistirme a detallar algunas de las perlas que contiene el artículo. Refiriéndose a la mala prensa de los fumadores: “… seguimos ignorando que, así y todo, mueren tres veces más personas de mal comer y mal beber que de mal fumar” y remata “Coja usted su pipa. Queme sólo tabaco. Take your time. Viva muchos años”.

Hablando de las pipas con “Stright (sic) Grain” dice “Los años recorren verticalmente la superficie total de la pipa, completamente paralelos unos a otros, del borde superior al fondo o base. El fumador la sostiene entre sus dedos con infinita dulzura, contemplándola entre el humo azul. Es la perfección suma…”

Los capítulos dedicados al tabaco son muy interesantes. En esos años los tabacos americanos, daneses y alemanes no tenían apenas relevancia comercial, el gran mercado estaba dominado por las mezclas británicas (Dunhill, Fribourg &Treyer, Astleys, John Player, Wills, Thomson & Porteous…). Al escribir sobre Virginias menciona el tabaco “Baby’s Bottom Virginia” del que dice “mezcla con la que, al conjuro de su sola mención, vibrarán las aletas nasales de cualquier pipador experimentado”  comentario delicioso, sublime según la opinión de quien nos regaló las copias del reportaje.

En esa época la base de las mezclas aromáticas no eran los salseados ni los sabores añadidos. Según cuenta el autor: “El encanto de la mixtura se halla en los aromáticos tabacos crudos, principalmente Latakia y Perique. Son éstos la base de la mezcla aromática, del mismo modo que el pan para el mundo occidental o el arroz para el oriental constituyen el apoyo culinario fundamental sobre el que se construye un notable edificio de complejos sabores”.

Acaba el documento con estas palabras: “La pipa, primitivo instrumento que ha ganado ya la batalla del tiempo. El pipador, una filosofía viviente, socarrón, pensador, actitud frente a acción, creación frente a labor. Por ello, mi querido amigo, si es usted ejecutivo de una empresa de más de cincuenta empleados, no fume en pipa, por favor. Me odiaría.”

Buscad en mercadillos de libros y bibliotecas la revista Destino publicada el 8 de Marzo de 1975, si la encontráis leed con calma el premiado reportaje de Carlos V. Bonet, os divertiréis y quizás os ocurra como a mí, he recordado cómo y porqué me aficioné a pasear con una pipa en la boca.

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La primavera de Lakeland

En contra de lo que sucede con nuestras mezclas habituales, esas de las que conocemos todos los matices y sabemos en qué momento del día y en qué condiciones fumar, al abrir una lata de tabaco añejo nos enfrentamos a un misterio por resolver.

Me viene a la mente una frase de Forrest GumpLa vida es como una caja de bombones, nunca sabes lo que te va a tocar”, si sustituimos la palabra “bombones” por “tabaco añejo” tendremos la expresión adecuada a este caso.

Tengo en las manos una lata de Best Brown Nº2 de Gawith & Hoggarth que se ha guardado en bodega durante seis largos años, desde el mes de Mayo de 2016. El exterior de la lata tiene buen aspecto, sin óxido, sin golpes ni rozaduras destacables, la tapa ha sido asegurada con unas vueltas de cinta aislante.

Al quitar la cinta la tapa se desprende sin esfuerzo y desvela su contenido: el plástico que envuelve y protege el tabaco así como los bordes de la lata y las ranuras de la tapa parecen estar cubiertas de óxido pero ¡un momento! eso no es óxido, es polvo de tabaco, un polvo fino de color castaño.

Desenvuelvo con cuidado el tabaco y descubro una amalgama de «flakes» de buen aspecto, color marrón oscuro y humedad adecuada. Las hebras se desprenden con facilidad y es más adecuado decir que estamos frente a unos “broken flakes” muy apetitosos.

El aroma en lata es intenso, dulce y ácido a la vez, a tierra de bosque, a fruta fermentada. Al aspirar el aroma del tabaco el ligero rapé que lo cubre provoca un agradable picorcillo en la nariz.

Antes de seguir con la cata es oportuno mencionar que el Best Brown Nº2 es una mezcla de tabacos de Virginia y Burley de Àfrica, India y Sudamérica. La mezcla, con la adición de azúcares como aglutinante, se prensa en frío y se deja madurar en fábrica antes de ser cortada en tiras. Como veis no se menciona que lleve aromas añadidos, y quizás por eso en los foros podréis encontrar todo tipo de discusiones sobre si el Best Brown es o no es un Lakeland.

Los expertos mezcladores de Kendal afirman que esta es una mezcla de Virginias y Burleys que entra en el apartado de “tabacos naturales”, otros afirman que es un tabaco natural sólo hasta  que empieza el proceso de maduración, momento en el que los aromas de otras mezclas que se están ensamblando en la factoría penetran y modifican la naturaleza inicial del BB.

Sea como fuere, si nos entretenemos en leer las descripciones del Best Brown Nº2 publicadas encontraremos algunas que afirman que contiene esencias florales, y otras que sostienen que sólo se le añaden azúcares. En cualquier caso, las catas más conocidas señalan que en este tabaco no se encuentra  ni rastro de los típicos aromas florales y jabonosos de los Lakeland y que estamos ante una mezcla muy equilibrada de Virginias y Burleys, de fortaleza media, que nos permite apreciar el dulzor de los Va’s, que no muerde ni amarga aunque la cadencia de la fumada sea alta. Esa es al menos la teoría previa al encendido de la pipa.

Es la hora de resolver el misterio. ¿Qué nos deparará esta lata de tabaco añejo?

Y en ese menester estamos. El tabaco carga y prende con facilidad. El humo es denso y generoso. En boca… ¿Cómo describirlo?… Estoy fumándome la primavera de Lakeland, esto es una invasión floral en toda regla en la que se han colado jazmines y violetas de otras latitudes geográficas. Nunca antes había experimentado algo así, es también jabonoso y dulce y en las primeras pipadas me provoca un ligero picor en la punta de la lengua. Sorprendente.

A media pipa me cuesta aceptar la teoría de que es un tabaco natural que ha sido gentilmente contaminado por otras labores de la casa, estoy fumando un Lakeland de libro, floral y jabonoso sin excusas ni justificaciones. El Burley no aparece, del Virginia nunca más se supo, ambos se han rendido ante el complejo sabor de la primavera de Lakeland.

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Cuando no llegan las palabras

Se supone que una cata de tabaco necesita y utiliza un vocabulario específico y explicativo de manera que el lector nos entienda y pueda revivir en su imaginación parte de la experiencia de quien la haya realizado.

Es evidente que mezcla similares, pongamos por caso  las inglesas con Latakia, acabarán utilizando descripciones comunes: el ahumado del Latakia, el dulzor de los Virginias, etc. Si acaso las diferencias se establecerán en cuanto a la intensidad y persistencia de unas u otras sensaciones que servirán para situar la mezcla en cuestión en la escala subjetiva que irá desde el “me gusta mucho” hasta el “no me gusta nada” de quien la esté fumando.

Antes de llegar a las sensaciones que fumar el tabaco provoca, el catador pasa por un par de fases previas. La descriptiva: que si la lata tiene tal o cual forma, que si está o no bien sellada, que si el color del tabaco es uno u otro, o si la humedad es alta o baja… Esta es la parte fácil de la cata, se trata simplemente de describir lo que uno ve y palpa.

Algo más compleja es la segunda fase, la olfativa. Los aromas que salen de la lata al abrirla son el preludio inevitable de la fumada, y aquí de nuevo acudimos al vocabulario que nos hemos otorgado y todos los fumadores entendemos: el picor del Perique, el especiado de los Orientales y el terroso del Burley, por poner unos ejemplos. Esta es una parte relativamente sencilla de la cata a poco que uno haya entrenado su sentido del olfato.

En este punto de la redacción no os he contado nada que no supierais antes de leerla, entonces ¿A qué viene este artículo? ¿Qué os estoy planteando?

Pues ahí va ¿Qué ocurre cuando, con la pipa encendida, no somos capaces de diferenciar los soberbios matices que tenemos en boca? ¿Cómo decir que no podemos ni describirlos ni contarlos? ¿Qué  ocurre cuando el placer de la fumada inhibe nuestra capacidad narrativa? ¿Cómo contar a quien nos lee que estamos fumando un tabaco que ha envejecido gloriosamente y que no acuden las palabras para describirlo, que sólo se nos ocurre decir “me gusta muchísimo”?

Aterricemos los interrogantes anteriores, estoy fumando una lata de Oriental de Robert McConnell que ha envejecido en bodega desde mediados del año 2015. Esta mezcla entra de lleno en la descripción de “Inglesa con Latakia” de fuerza media-alta y en la que destacan, cada uno por su cuenta y alternándose a lo largo de la fumada,  los sabores especiados de sus diferentes Orientales, el ahumado del Latakia, los matices del Cavendish y el dulzor de los Virginias.

El contenido de esta lata añeja es distinto al de sus homólogas del estanco, al abrirla nos regala aromas ácidos y dulces a la vez, a masa de pan negro fermentada, a avellanas tostadas, picante en nariz sin agredirla. Buena humedad. Colores firmes desde el dorado pajizo hasta el casi negro.

Carga y enciende fácilmente, es intenso y potente en paladar y dulce, y especiado, todo a la vez. No agrede, no quema, no pica, es suave y cremoso.

Tabaco muy equilibrado. Sé que lleva Latakia y Orientales pero no los detecto individualmente. Ningún aroma, ningún sabor destaca sobre los otros. Es suavemente dulce, dulcemente ahumado, amablemente picante. Me gusta muchísimo.

Paso el tabaco a una jarra hermética y en ese proceso de manipulación el Oriental 2015 me ofrece un nuevo regalo: un intenso y delicioso aroma a Calvados, o quizás sea Brandy añejo con especias.

Parece que finalmente si he podido dar con las palabras necesarias para contaros esta agradable experiencia. Sólo puedo concluir diciendo que este tabaco es una joya.

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Trece años y un día

Estaría quizás triste pensando “Se han olvidado de mí”. O puede que sus pensamientos fueran en sentido contrario y estuviera dando saltos de alegría cantando una tonadilla “Me he librado, me he librado”. Ambas líneas de comportamiento son posibles. Más aún: son compatibles. Seguramente en estos últimos trece años los estados de ánimo se fueron alternando, el día triste se sentía olvidada y el día alegre liberada.

El hecho es que una lata de tabaco de trece años no siente penas ni alegrías, no se lamenta, no celebra. Trece años de reposo, perfectamente sellada y protegida en bodega, hasta que un día es sacada de su letargo y abierta para mostrar su contenido al fumador afortunado quien sí celebrará o lamentará según lo que encuentre en su interior.

Hoy me toca celebrar. La lata de Balkan Flake de Samuel  Gawith no ha decepcionado mis expectativas. Entró en bodega en Octubre de 2009 y ha sido abierta hoy día 1 de Julio de 2022.

Su buen aspecto exterior invitaba a ser optimista. Sólo unos pocos roces en el borde exterior  y una pequeña mancha de óxido en el fondo afeaban un tanto su apariencia.

Tuve que ejercer presión para abrirla ¡buena señal! Papel interior color marfil pero sin manchas de óxido ¡bien, vamos bien! Aromas suaves a regaliz y ahumados, para nada agresivos, se desprenden del contenido.

El tabaco es de color marrón oscuro y está recubierto de venas de cristales de azúcar, es flexible y su punto de humedad perfecto, puede fumarse sin necesidad de re-hidratar. El grosor del corte es desigual, algunos flakes tienen apenas 1 mm de grosor mientras que otros pasan de los 2,5 mm.

Quito con los dedos el exceso de cristalización y rompo ligeramente dos tiras que cargo en la Mastro de Paja sin apretar demasiado. Necesito tres llamas para prenderlo, a partir de ahí la fumada es continua, sin re-encendidos, sin sobresaltos.

En boca se instala un agradable dulzor especiado, es como si se añadiera jengibre rallado, pimienta y clavo a un puñado de azúcar moreno. Ligero picorcillo en la nariz. Ahumados sutiles. No quema, no irrita, no tiene aristas ni estridencias, los sabores y los aromas están perfectamente ensamblados.

Ese dulzor especiado y equilibrado se mantiene hasta el final dándome una magnífica fumada. Gracias a su edad y a pesar de su nombre esta labor no es hoy un Balkan (opino que nunca lo ha sido) ni siquiera un Latakiado. Es, sencillamente, un magnífico tabaco.

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Sin prestar atención

Fumar en pipa nos ofrece muchos momentos de placer que seguramente sólo entienden los que comparten esta afición. Y no me refiero exclusivamente al acto de fumar. Toda una serie de pequeños acontecimientos agradables acompañan al fumador de pipa.

Ahí están la intriga de la subasta on-line de una hermosa pieza, la alegría de la puja ganada, la revisión minuciosa de la nueva pipa, e incluso la relajante sesión de limpieza de brezos y boquillas. El placer de la búsqueda de nuestros tabacos ideales leyendo las descripciones de las mezclas en las webs de nuestros proveedores, la agradable impaciencia de la espera del envío, la emoción de la apertura del paquete recién recibido, la satisfacción de tener en las manos las nuevas latas que prometen fumadas memorables, y, por supuesto, el ritual que acompaña cada una de las aperturas de las nuevas labores compradas.

¡Y las primeras fumadas de los nuevos tabacos! Momentos en los que olfato, vista y paladar se aúnan en la investigación de aromas, sabores y sensaciones, se esfuerzan en la detección de la latakia o el burley, en la búsqueda del picorcillo del perique, o en el intento, a veces infructuoso, de percibir ese componente que, según nuestro proveedor, debería estar en la mezcla pero que somos incapaces de diferenciar.

Siendo todo lo anterior cierto, los mejores momentos son, para mí, aquellos en los que una mezcla habitual, una de esas que llamamos “mi tabaco”, es cargada en una de nuestra pipas favoritas, no necesariamente de las más caras o de mayor prestigio, y fumada sin prestarle atención a la sombra de una encina rodeado de los sonidos del bosque y el aroma de las plantas silvestres, o en la cima de una montaña contemplando, con la visión privilegiada del montañero viejo, el sobrecogedor paisaje de las montañas que amas.

En esos momentos no necesitas pensar en si el tabaco tiene tal o cual propiedad, en si la pipa pesa poco o mucho, o si tira mejor o peor. En esos momentos tabaco, pipa y fumador son un todo, son viejos conocidos que no necesitan interrogarse para comprenderse. Fuman en paz y tranquilos, disfrutando del momento, saboreando el entorno.

Es Castellet. Delante tenemos el Cap des Pinar, y al fondo la Península de Levante.

Estoy sobre el espolón de roca que veis en la foto, en la zona de Formentor, en el extremo Norte de la Sierra de Tramuntana, fumando uno de mis tabacos de a diario, el equilibrado y placentero English Breakfast de HU modificado para mi paladar con la adición de un 15% de latakia vieja de McConnell, en una bulldog de Roadtown.

El día es soleado, el entorno es magnífico, la ruta que me ha traído hasta aquí  ha sido fácil y tranquila. A mi izquierda, sobre el Puig de les Butzes una águila pescadora vigila su territorio de caza.

Ni el tabaco que fumo ni la pipa que cuelga de mi boca son extraordinarios (puestos a ser sinceros tampoco lo es quien esto escribe) pero sí lo es el momento que compartimos. Tres viejos amigos fumando en paz dejando que la vista se recree en la belleza de esta costa salvaje que nos impregna con los aromas de sal, resina y pinos del Mediterráneo.

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El zurrón del pastor

Un par de certeros golpes del chispero sobre la piedra foguera bastaron para prender la yesca sobre la que colocó unas delgadas astillas de madera de pino cargadas de resina. El fuego cogió aliento. Añadió con cuidado ramas secas de olivo y almendro y frotó sus manos sobre las llamas.

Descargó el contenido de su zurrón sobre una piedra plana a la vera del fuego. Deshizo el hatillo de piel de cabra del que sacó una gruesa trenza de pota, sacó de su bolsillo el cuchillo y cortó unas rodajas delgadas del potente y oloroso tabaco. Desmenuzó las rodajas entre sus manos y cargó su vieja pipa de madera de almendro.

Antes de encenderla la contempló con cariño. La había fabricado hacía ya muchos años. La madera ennegrecida por el paso del tiempo y el humo brillaba tenuemente a la luz de la lumbre. Los bordes de la cazoleta y el caño estaban protegidos de grietas y golpes por aros de hierro cuidadosamente ajustados. La cánula de acebuche estaba tallada formando un reborde en la boquilla que le permitía fumar con la pipa colgada de la boca.

Con las tenacillas de hierro cogió un carbón del tamaño de un garbanzo y lo colocó sobre el tabaco, aspiró con fuerza un par de veces, retiró el carboncillo y presionó el tabaco con el atacador. Apreció el humo denso y poderoso en su boca, un poco ácido quizás, pero muy agradable.

Sentado sobre un tronco frente al fuego, su fiel perro tendido a su lado, el pastor fumaba tranquilo contemplando el cielo despejado.

Foto de Sebastián Bonet. Colección del taller de Pipas Bonet.

Es fácil imaginarse la escena que acabo de relatar contemplando los utensilios de fumar hallados en el interior del zurrón de un pastor que podéis ver en la colección del taller de Pipas Bonet en Palma de Mallorca. Una pipa de madera, probablemente de almendro con borde de cazoleta y caño protegidos por aros de hierro, un chispero, pedernal, un aro sujetando un atacador, un pincho y unas tenacillas, y un tubo de madera forrado de piel para transportar la yesca.

El pastor fumaría “pota”, tabaco cultivado de manera artesanal en las Islas Baleares. Las hojas secadas al sol y trenzadas en cuerdas gruesas se envolvían en piel de cabra o cordero y se dejaban fermentar durante meses cubiertas por la paja de cuadras y establos o en un hoyo cavado en tierra. El resultado era un tabaco potente de aroma en ocasiones insultante. Especial fama por su calidad alcanzó la pota de la isla de Ibiza.

Foto cedida por Sebastián Bonet.
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Una Mezcla Maestra para las abejas

El zumbido se oye incluso antes de abrir las puertas de la terraza. Al salir me abruma el intenso aroma del azahar. Los naranjos están rodeados de nubes de abejas que se afanan en recolectar el polen.

Hace algo más de dos semanas que llegó la primavera con frío, viento y lluvia. Hoy, a finales de la primera semana de abril, el día es soleado, cálido, y me permite recuperar mi lugar de fumar favorito de la casa a la sombre de un robusto naranjo de seis metros de altura y amplia copa protectora.

Me instalo cómodamente en la terraza con un café y mis bártulos de fumador de pipa. Como todas las mañanas, cuando mi paladar no acepta tabacos fuertes, he escogido una mezcla inglesa. Hoy me decido por MEISTERMISCHUNG 99 ENGLISH elaborada por Kohlhase & Kopp, una mezcla de Red Kentucky, Virginia, Turkish, Carolina Black y Syrian Latakia en corte ribbon, fuerza media, sin aromatizantes añadidos, con atractivo aroma a tabaco oriental.

El tabaco es agradable en boca, especiado, ahumado, no pica, no quema, se carga bien sin necesidad de apretarlo, enciende sin problema. Una clásica mezcla inglesa con latakia que no defrauda, un fijo en mis rotaciones.

Como siempre ocurre en esta época del año las abejas se acercan, me investigan y recuerdan que tenemos un pacto: yo no las incordio, ellas no me molestan. Seguimos cada uno a lo suyo, yo fumando, ellas libando y zumbando.

Aspecto del Meistermischung 99.

En palabras de un compañero fumador a quien le entregué una muestra del MM 99: “El Meistermischung es un tabaco muy agradable, equilibrado, sin protagonismos. Todos los componentes están perfectamente integrados y balanceados. Hay dulzor, los orientales deben ayudar a los virginias en eso, hay latakia que acompaña pero no abruma, hay cuerpo…”

Y sigue: “Se disfruta desde el encendido hasta el final, sin sobresaltos, sin sorpresas pero sin perder cualidades. Muy fácil de mantener encendido, muuuuy suave en boca pero con cuerpo. Creo que es mejor degustarlo en pipa de gran capacidad”. Me permito utilizar sus palabras porque yo no sabría expresarlo mejor.

Una nube de humo se ha formado a mi alrededor, el equipo de abejas exploradoras se aproxima y la tantea. Unas pocas de ellas, las más aventureras, se introducen en la nube. Parecen disfrutar volando en su interior, agitando las alas para impregnarse de su aroma. Se diría que a mis diminutas compañeras de terraza les gusta la Mezcla Maestra 99.

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Un buen encuentro

Lo vi al superar el paso de “En Segarra” en una zona conocida como “Cingle Pla” en la que el sendero transcurre sin apenas desniveles pegado a la falda del “Puig Roig” y asomado a la espectacular costa Norte de la isla.

Estaba sentado sobre un espolón rocoso contemplando el paisaje, postura relajada, brazos cruzados, una pipa curva colgada de la boca. A su lado, sobre la mochila, un estuche con una vieja y hermosa arenada adornada con el punto blanco de Dunhill y un paquete de La Brumeuse de Vincent Manil.

Lo había olido antes de verlo. Percibí en el aire el aroma terroso y a bosque de su tabaco, quizás con toques de nueces. Al llegar a su lado saludé “Buenos días”. Me miró y con un gesto de su mano me invitó a sentarme sobre la pequeña plataforma superior del espolón desde cuyas alturas, unos 760 metros sobre el nivel del mar, la vista se extiende a lo largo de un extenso tramo de costa salvaje de altos acantilados, quebrada por ensenadas y morros que la retuercen. Unos pocos senderillos precarios, no aptos para caminantes con vértigo, permiten el descenso hasta algunas de las calas.

Una vez acomodado sobre las rocas saqué de la mochila mi estuche de pipas en el que ese día cargaba una Country Gentleman de Missouri Meerschaum, una Parker Super Bruyere 832 y unos pocos flakes de Red Virginia de Wessex. Al ver las pipas el desconocido cogió en su mano la que estaba fumando, me miró con interés y pronunció sus primeras palabras:
– ¿Que fumas?
Red Virgina Flakes de Wessex.
– ¿Quieres probar este Manil?

Acepté su ofrecimiento y cargué la Parker con Brumeuse, hebras de corte grueso de color marrón intenso, un tabaco belga del Valle del Semois en la zona de las Ardenas.

Encendí la pipa apreciando el sabor complejo y potente de este burley artesanal, tan similar y a la vez tan distinto del burley americano. Durante unos largos minutos, estuvimos ambos sentados fumando, contemplando con calma el maravilloso espectáculo de la abrupta costa norte de Mallorca, compartiendo humo y silencio.

Acabada su pipa, el desconocido caminante solitario la vació con cuidado en un pequeño cenicero de bolsillo y la guardó en el estuche, se levantó, cargó la mochila a la espalda y permaneció un instante a mi lado mirándome:
– Ha sido un buen encuentro.
– Si, quizás algún día volvamos a coincidir.
– Puede ser. Qué tengas buena ruta.
– Igualmente. Gracias por el tabaco.

Y así, con una sonrisa, el caminante me dio la espalda y siguió camino en dirección oeste. Yo continué sentado fumando y abrazando el paisaje, disfrutando el momento. El desconocido tenía razón, ese había sido un buen encuentro.