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A vuelta de hoja Cultura Opinión PYT (Pipas y tabaco)

Añoranzas

Cuatro meses, ciento veintiún días sin encender una pipa, ninguna nube de humo me ha acompañado desde que inició este año 2024. Es cierto que he realizado agradables fumadas virtuales – mi publicación https://pipasytabaco.es/humo-en-el-parque/ se basa en un hecho real – que me han consolado durante el largo proceso de renuncia al tabaco. Igual que me han consolado, agradado y divertido las publicaciones en los distintos foros que sigo visitando diariamente, al fin y al cabo amo y añoro el mundillo de la pipa.

Y es que esta publicación trata de añoranzas. La primera de ellas, la más poderosa de mis añoranzas, es la emoción que acompañaba la recepción de una lata de una labor nunca antes fumada, el ritual de la apertura, los primeros aromas cuidadosamente anotados en mi libreta de catas, el corte y el aspecto del tabaco, la admiración de esas doradas inclusiones que destacaban en unos «flakes» de intenso color castaño, la textura untuosa de las hebras, su grado de humedad. Y así, paso a paso, se presentan mis añoranzas, la elección de la pipa, la preparación del tabaco para la carga, el encendido, las primeras sensaciones en boca, el protagonismo de cada una de las variedades que forman la mezcla a lo largo de la fumada…

Sin olvidar, por supuesto, la rutinas cotidianas de limpieza, mantenimiento y pulido de las pipas que permite – me permitía – admirar la belleza del grano del brezo y la armonía de sus formas. Rutinas a las que no daba importancia, que hoy extraño de una manera íntima reconociendo que me proporcionaban momentos muy agradables de calma e introspección, pipa en boca, frotando con un paño la pipa recién higienizada.

Unos pocos meses antes de colgar los bártulos de fumador escribí para esta revista un artículo que titulé «En una tarde gris» que finalmente no publiqué porque me pareció intrascendente. ¿A quién le podría interesar saber cómo y dónde guardaba mis pipas? Ahora, a la luz de mis añoranzas y como un homenaje a los fumadores de pipa y a sus rituales casi mágicos, me animo a publicarlo. Ahí va.

En una tarde grís

La tarde es gris y húmeda, cae una lluvia fina y densa que más parece niebla y no invita a salir a a caminar así que he decidido quedarme en casa para revisar y limpiar mis pipas y pulir algunas boquillas que comienzan a mostrar tonos grises verdosos desagradables a la vista.

Descansan mis pipas en la cómoda del salón. Dos cajones centrales acogen las mejores piezas separadas según su capacidad y su valor. Las pipas de la tarde, de capacidad medía y buena calidad, descansan en el primero de los cajones. En el segundo reposan los pipones, ganada esa categoría en función de su gran capacidad y su mayor valor económico, destinadas a las fumadas vespertinas, más reposadas, tranquilas y de mayor duración que las diurnas.

Las pipas mañaneras, también llamadas mochileras, ligeras, de menor categoría y precio que las antes citadas, son las que acompañan el primer café del día y viajan en el bolsillo superior de la mochila en mis rutas montañeras, descansan en una bandeja sobre la cómoda.

En una estantería lateral de la cómoda, protegidas en fundas de tela, esperan nuevo destino aquellas pipas que he decidido vender. En la otra estantería lateral, junto al Dremmel, las pastas de pulido, la cera carnaúba y el resto de los complementos que acompañan al pipafumador, tengo media docena de piezas para reparar o restaurar, ya sea que me sienta con ganas de ponerme a trabajar, o que las empaquete con destino a Maçanet de Cabrenys para que el Maestro Segimón Baulenas ejerza su magia, o ambas cosas, una vez reconocida mi limitada capacidad para resolver algunos de los males que afectan a esas piezas.

¿Y cual es el interés de este artículo? os estaréis preguntando. Puede que ninguno, o quizás solo esté compartiendo el placer que me proporciona abrir esos cajones, contemplar mis pipas y, de vez en cuando, frotarlas con un paño hasta conseguir ese hermoso brillo satinado que tanto nos satisface.

Protestan los lectores: ¿Y ya está? ¿Ese es el artículo? ¿Para que lea esto me has molestado? Que sepáis que me habéis mosqueado con tanta pregunta. No me queda sino ponerme a buscar un mueble adecuado para exhibir mis hermosas pipas, y cuando lo haya encontrado os lo mostraré para que la envidia os corroa. Si es que con tanta exigencia esto es un sinvivir.

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Campeonato Fumada Pipa Clubes

Últimos días para apuntarse para la Copa Barcelona

El próximo 15 de mayo se cerrará el plazo para apuntarse en la nueva edición de la Copa Barcelona que el Barcelona Pipa Club celebrará en su sede social el próximo 1 de junio. En el cartel de la convocatoria se puede observar la pipa seleccionada: una Chacom L’Essard 1989 de bella factura. La labor será un aromático clásico: Peterson Sherlock Holmes. El precio de la fumada es de cincuenta euros. Además, el almuerzo para los participantes costará 35 euros.

La cita comenzará a las 12 horas con el tradicional mercadillo y encuentro de pipafumadores. Después del almuerzo, será el momento de preparar las pipas para la XXI Copa Barcelona, segunda cita del calendario de fumadas de 2024.

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Campeonato Fumada Pipa Clubes Pipadores

Toni Pascual gana en Zaragoza

Toni Pascual ganó el pasado 20 de abril el XVII Campeonato de Aragón de fumada lenta que, de manera bienal, organiza con la brillantez acostumbrada el Pipa Club de Zaragoza. Este año acudieron 41 pipafumadores de toda España, con participantes de Madrid, el Andalucía Pipa Club y varios clubes catalanes. La competición de este año honró la memoria del pipafumador aragonés Rodolfo Espa, fallecido el pasado año y persona muy querida por la comunidad pipera.

La cita pipera comenzó con la habitual exposición de artesanos. Este año, se acercaron a Zaragoza Rafael Arzuaga, Alba Terés, que donó la pipa seleccionada por el campeón, Jean Pierre Soler y Sigmund, tal como nos informan desde el Pipa Club de Zaragoza. Tras el almuerzo y los habituales momentos de confraternización, a primera hora de la tarde, comenzaba el reparto de la pipa elaborada por Santambrogio. La forma era un army mouth y la novedad es que el color de las boquillas era diferente. La elección se hizo por orden de inscripción en la cita. Los asistentes elogiaron la cachimba y hubo quien se interesó por si sobraban piezas para poder adquirirla.

La pipa de la fumada. Fuente: Pipa Club de Zaragoza.

La mezcla elegida este año fue Mac Baren Mixture Scotish Blend, seleccionada como homenaje a Rodolfo Espa, puesto que era su mezcla favorita. Una vez repartidos los tres gramos, comenzaba la fumada que tuvo un gran nivel. La primera pipa en apagarse era la del madrileño Enrique Bernard, superando los 21 minutos de fumada, con lo que se hacía con las cerillas de la competición. El penúltimo resistía tres minutos más y, a partir de ahí, comenzaba una sucesión de apagados. Quince participantes superaban la barrera de los cincuenta minutos. Poco a poco, las pipas iban apagándose, entre ellas la de Lorenzo Belio, a los 58 minutos, que se disputaba con Toni Pascual el Campeonato de Aragón para el fumador del Pipa Club de Zaragoza mejor clasificado.

De esta manera, cinco participantes alcanzaban la hora. Juan José Muñoz y Jean Pierre Soler se despedían casi al unísono. De esta manera, aspiraban a los puestos de honor Manuel Vidaurrázaga, Josep Samitier y Toni Pascual. Manuel Vidaurrázaga alcanzó la hora y tres minutos terminó su participación. En ese momento, las necesidades obligaron a Toni Pascual a ir al baño, dejando su pipa encendida sobre la mesa. Samitier mantuvo su fumada hasta los cinco minutos, el tiempo suficiente para regresase Toni Pascual y comprobase que su pipa seguía encendida. No sólo eso, sino que alargó el humo casi diez minutos más para proclamarse el primer campeón del año del calendario oficial.

Tras la entrega de premios, no faltó un sencillo y afectuoso homenaje a la familia de Rodolfo Espa. Toni regaló su trofeo de campeón de Aragón a la nieta de Espa, Clara, demostrando, una vez más, la bellísima persona que es.

Muchas gracias al Pipa Club de Zaragoza y, en especial, a Jesús Carlos García Cañas, por su ayuda para hacer la información.

XVII Campeonato de Aragón de fumada lenta en pipa

TONI PASCUAL                                           BPC – PC ZARAGOZA                       01/16/00

JOSEP SAMITIER VIÑALL                          GIRONA PC                                        01/05/56

MANUEL VIDAURRÁZAGA FONT             BPC                                                    01/03/40

JEAN PIERRE SOLER MOLINA                    GIRONA PC                                        01/02/00

JUAN JOSÉ MUÑOZ GÓMEZ                     GIRONA PC                                        01/02/02

FLORENTIN RUBIO SEBASTIÁN                 BPC                                                            59/50

LORENZO BELIO                                         PC ZARAGOZA                                       58/30

JUANJO SÁNCHEZ                                      Andalucía PC                                          58/29

ALBERTO UGARTE                                          FUMADAS HOBBIT                              58/00

CARLOS REY                                                  BPC                                                       56/12

VICTOR MARQUÉS                                         PC ZARAGOZA                                     56/04

JESÚS CARLOS GARCÍA CAÑAS                      PC ZARAGOZA                                    53/18

GONZALO COLÓN                                          PC ZARAGOZA                                   52/10

PACO DUQUE                                                SANT CUGAT PC                                   51/27

JOSÉ MARÍA ENFEDAQUE                           SANT CUGAT PC                                     50/36

TOMÁS PÉREZ GARCÍA                                 GIRONA PC                                            49/36

BORJA RAMOS MARTÍNEZ                          BPC                                                          48/33

FRANCISCO MARTÍN FERRER                                                                                       46/12

RICARDO SÁNCHEZ GUTIERREZ                    FUMADAS HOBBIT                               45/50

SANTI PARÉS SÁNCHEZ                                Andalucía PC                                          45/28

MARIAN RIVERO ZABALA                           PC ZARAGOZA                                        45/17

XAVI GARCÍA BEREGUER                                                                                             45/17

MIQUEL RUBIO                                            BPC                                                          44/48

PABLO PRADAS ALEJANDRE                       PC ZARAGOZA                                         44/30

CARLOS CIVITANI                                          PC ZARAGOZA                                       42/50

FREDERIC BERNADA PI                                 BPC                                                       42/15

OSCAR MARTÍN DEL BARRIO                     FUMADAS HOBBIT                                  41/45

JOAN FRANCH CAMPOS                            GIRONA PC                                         40/25

POL CUADROS AGUILERA                           FUMADAS HOBBIT                         39/15

VIRGINIA MORA BALCELLS                         SANT CUGAT PC                              39/39

RAFAEL ARZUAGA                                         BPC                                                       38/55

ALBA TERÉS ARIAS                                         BPC                                                      36/05

ENRIQUE CONTRERAS                                  FUMADAS HOBBIT                         34/55

EVA GARCIA VINENT                                    PC ZARAGOZA                                  34/44

ISIDRO ANGUITA LEAL                                 PC ZARAGOZA                                  30/50

HIGINIO MUÑOZ MUÑOZ                          PC ZARAGOZA                                  29/57

ONINTZ MADARIAGA                                   FUMADAS HOBBIT                         29/47

PEDRO LAGUNA                                            PC ZARAGOZA                                 29/18

MIGUEL ÁNGEL SÁNCHEZ                           FUMADAS HOBBIT                         26/38

HIART MADARIAGA                                      FUMADAS HOBBIT                         24/57

ENRIQUE BERNAD                                          ARTURO DEL POZO                        21/50

Fuente: Pipa Club de Zaragoza

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Tabacos

La familia Gawith crece en España

¡¡Por fin buenas noticias!! Premium Brands prepara el lanzamiento en el mercado español de cuatro nuevas labores fabricadas por Samuel Gawith. Y, lo que es mejor, con precios entre catorce y quince euros. La hoja informativa ya ha comenzado a circular por foros piperos al tiempo que la labor comercial en los estancos. La llegada de las nuevas labores de Samuel Gawith se debe, en buena parte, al castigo del mercado a los incrementos del pasado año. Y es que la rotación de las labores de Kendal bajaron de manera sustancial. De esta manera, surgió un diálogo entre los distribuidores y el fabricante para buscar un producto que encajase en el mercado.

De esa manera se llegó a las cuatro labores que Samuel Gawith fabrica con sus habituales estándares de calidad, pero cuyo nombre modifica ligeramente. Es una especie de segunda marca, pero sin renunciar a algunas de sus señas de calidad en el tratamiento de los virginias. En el proceso, los responsables de Premium Brands realizaron diferentes catas y los participantes elogiaron la calidad del producto. Los precios, además, resultan más asumibles.

Así se abre la vía para que los pipafumadores españoles puedan llegar a North Star by Samuel Gawith; Rodeo by Samuel Gawith; Kendal Gold by Samuel Gawith y Kendal Mixed by Samuel Gawith.

Las incorporaciones de la familia Gawith. Foto: Premium Brands

La llegada a los estancos españoles depende la publicación en el Boletín Oficial del Estado de los precios. El registro ante el Comisionado del Mercado de Trabajo ya se hizo el pasado año, con lo que se ha cumplido el requisito de seis meses para su comercialización. Mientras llega el momento, podemos ver las descripciones de su hoja de cata y que os transcribo a continuación. Los cuatro llegan en latas de cincuenta gramos. Ninguno de ellos lleva aromatizante.

North Star «es una mezcla de hojas de virginia y burley. Las virginias son ligeramente dulces y cítricas, con un sabor amaderado y terroso, proveniente del burley». Le atribuyen una fuerza media y su precio será de 13,90 euros.

Rodeo. En este caso, los virginas con «curados al humo y cocidos en la oscuridad» para mezclarse con burleys. Le atribuyen un «humo suave y de intensidad media». Su precio será de 13,90 euros la lata.

Kendal Gold. Sólo han recurrido a una mezcla de virginias, buscando la mayor pureza posible en la fumada. «Se quema lentamente, sin tripa añadida ni notas altas». La cata la plantea como una mezcla suave para todo el día. Su precio de venta será de 14,95 euros la lata.

Kendal Mixed. En este caso, las hojas puras de virginia han sido mezcladas con burley, pero sin ningún aditivo. El precio será de 14,95 euros la lata.


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Campeonato Fumada Pipa Clubes Pipadores

Zaragoza: fumada y estreno de nueva directiva

El Pipa Club de Zaragoza celebrará la XVII edición del Campeonato de Aragón de Fumada Lenta el próximo 20 de abril. Dos motivos convertirán la cita en una fecha especial. Por una parte, será la primera fumada tras el cambio de directiva. Gonzalo Colón Palasí ha asumido la presidencia después del mandato de Lorenzo Bellío. Además, la fumada homenajeará a Rodolfo Espa, fallecido en abril del pasado año y uno de los puntuales del club y sus encuentros bienales. De hecho, la labor que se utilizará será Mac Baren Mixture Blend, la preferida de Espa.

Las personas interesadas en inscribirse deben enviar un correo electrónico a pipaczaragoza@gmail.com, donde facilitarán detalles concretos. En la inscripción tendrán preferencia los socios del pipa club y el resto de plazas se adjudicarán por orden de inscripción. El anuncio de la fumada lleva tiempo en las redes, así que deben quedar pocas plazas disponibles. La pipa será del artesano italiano Stefano Santambrogio, una billard con army mouth de metal y donde las boquillas presentarán diferentes colores.

No faltará el mercadillo desde las doce de la mañana a la hora del almuerzo, sobre las dos. La competición en sí comenzará a las cuatro de la tarde con la idea de terminar a las seis, para facilitar los desplazamientos de las delegaciones que lleguen de otros puntos de España, especialmente Madrid y Barcelona, aprovechando las ventajas de la alta velocidad ferroviaria para participar en la fumada que abre el calendario español. ¡¡Se me olvidaba!! Los precios, el almuerzo será 35 euros y la fumada 45 euros.

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A vuelta de hoja Arte Cultura Opinión Pipa Clubes

En el rio

Lo prometido es deuda.

Aquí tenéis el relato ganador del concurso convocado por el Pipa Club de España el pasado año cuyo autor, presentado con el seudónimo de Hucky, es Carlos Moreira a quien agradecemos nos permitiera publicar los tres relatos finalistas del concurso de 2023.

Norman Rockwell «Autumm Stroll» 1935

Corría un mes de septiembre ya tardío en el año 59. Las apreturas de la canícula se habían quedado atrás hacía tiempo y los vencejos ya ni se oían ni se veían surcando los cielos al atardecer. El ambiente se iba tornando más fresco y más húmedo día a día, mientras las laderas tornaban a ocre y azafrán en los bosques que cubrían la lejana montaña. Se agotaban con tristeza mis vacaciones en el pueblo, que cada año repetía desde que apenas levantaba unos palmos del suelo. En un par de semanas empezaría el  tedioso colegio en la cuidad, donde vivía con mis padres. Ese año tocaba tercero de primaria. 

En la luminosa mañana recién nacida, algo poco habitual en aquellas tierras ya adentrados en el otoño cuando las espesas nieblas matutinas suelen cubrirlo todo hasta  bien entrada la mañana, un cadencioso y familiar sonido me despertó y me hizo bajar corriendo a la cocina, a tragar, presuroso, la suculenta tajada de hogaza de pan recién horneado por la comadre Régula, la cocinera, bien untado de aceite de oliva, y remojado  en el garguero por un tazón de leche con “café” de achicoria tostada. “El esperado gran día había llegado al fin” – pensaba mientras tragaba el desayuno cual pavo devorando guindas. 

– Come despacio, muchacho, que te va a sentar mal – me regañaba Régula. – Nadie te lo va a quitar y las cosas seguirán dónde están por mucho que corras. – arengaba con  tono ecuménico sin levantar la mirada del montón de patatas que pelaba con parsimonia. 

Al poco apareció mi tía Helena, que regentaba la vieja casa solariega de la familia, y dónde criaba con mano de hierro a tres hijas y un hijo, mis primos. Después de que me diera los buenos días con un beso en la frente, me dirigí resuelto a casa del vecino con el  propósito de ayudar en las labores de desgranado del maíz, que aquel ruido me había  anunciado. Una naranja en el bolsillo para almorzar, un sombrero de paja en la cabeza y  una pequeñita cesta de mimbre con tapa eran mis pertenencias. 

– ¿Ya te has lavado la cara? – inquiría mí tía. – ¡No vuelvas tarde! – continuaba al comprobar que me disponía a salir a toda prisa sin contestar. – Recuerda que cuando suene la una en la campana de la iglesia, es la hora de comer. – decía ya a gritos, como cada día, cuando yo salía por el portón. 

– Pasa, hijo, pasa – me invitó doña María, la vecina, desde el patio cubierto de su  casa dónde se encontraban faenando- ¿Vienes a echar una mano? 

– Sí – le mentí a medias, pues ese no era mi único objetivo. – ¡Buenos días! – saludé  a todos.

Flap, flap, flap repetía la desgranadora de maíz que había escuchado desde la cama y me había anunciado que las labores estaban en marcha y toda la familia dedicada a ella. Los gemelos Aníbal, como su padre, y Silverio, mis amigos y colegas de correrías, echaban una mano a su madre, descolgando las plantas puestas a salvo de ratones y otras alimañas grandes y pequeñas en el entramado de alambres del techo del alpendre; después, separando las mazorcas de la caña, y deshojando la farfolla. El Sr. Aníbal, embozada la cara hasta los ojos con un pañuelo a cuadros cual bandolero, giraba incansable el volante  de la máquina envuelto en una nube de partículas doradas, mientras su mujer iba echando  las panochas en la tolva superior, para que el rudimentario mecanismo separara los granos  del deseado cereal, que iban cayendo en un cajón lateral de madera conformando poco a  poco una pirámide dorada cada vez más voluminosa. De vez en cuando, la calva cubierta  de polvo, sudoroso y jadeante, el buen hombre descansaba un poco, mientras humedecía  con un chorro de agua fresca del botijo boca y gaznate, resecos por aquella polvareda que  se desprendía por las innumerables ranuras de la máquina al girar. Durante la pausa raseaba con la mano el montón de granos de maíz para saber cuándo, llegados al borde  del cajón, parar y ensacar. Me uní a mis compinches con las mismas tareas que hacían. El  olor a granero era intenso. 

No era aquella labor poco importante, pues representaba el sustento de la familia  hasta el siguiente año, y de donde salía además la reserva de semillas para la siguiente siembra dando cumplimiento a la ancestral secuencia que marcaba las vidas de aquellas  humildes gentes desde generaciones: siembra, cosecha, siembra, cosecha… Buenas  cosechas auguraban años de alegrías. Por el contrario, malas cosechas marcaban inviernos duros de hambre y dificultades. No solo para los seres humanos de la familia, sino de sus animales, pues los desechos de la labor de desgranado alimentaban a casi todos  los animales de la casa. Los granos no aprovechables serían devorados por gallinas y  patos, que inquietos en el gallinero, ya intuían el banquete. Los carozos que salían despedidos de la máquina, acompañados de las hojas y tallos semisecos, serian el alimento  de todo el mes siguiente para la cerda protagonista de la “fiesta”, llegado San Martin. 

Y ahí, en los carozos, estaban mis tesoros y lo que me había llevado hasta allí, además de mis escasos deseos de ayudar en las labores. Por un lado, unos dorados y gordos gusanos cogolleros del maíz, que se escondían horadando túneles dentro del corazón de las mazorcas. Causaban daños a la cosecha, desde luego, pero a mí me servían de fabulosa carnada para pescar en el río y en los pozos, así como para cebar las ballestas para pájaros que armaría en los cultivos, a lo largo de las hileras de maíz aún no  cosechadas. 

Por otro lado, también servirían estos carozos para otro propósito mucho más oculto  e inconfesable que había ideado leyendo comics, libros y revistas: como cuerpo para hacer pipas, una vez convenientemente cortados, ahuecados y taladrados, por donde introducir un  cañizo o un junco, cuidadosamente perforados de punta a punta con un alambre. Cuando  tañían las campanas las doce y media, ya me había guardado cuatro mazorcas desgranadas y sin horadar por los gusanos, además de una generosa cantidad de larvas que se retorcían  llenando la cestita de mimbre. Mañana seria su día. 

Llegada la noche, excitado, me acosté pronto mientras en mi cabeza no dejaba de  repetirse aquella frase que había leído hacía poco en Las Aventuras de Tom Sawyer: “Y, por último, cuando sacaron las pipas y se pasearon serenamente lanzando bocanadas de humo, alcanzaron el más alto pináculo de la gloria”. Tom y Huck eran mis héroes. 

Yo quería ese momento de gloria, mi momento de gloria. Ya tenía la materia prima.  “mañana tengo que hacer las pipas” – me dije a mi mismo. No obstante, se me olvidaba  que una pipa, sin tabaco dentro, es un objeto inservible. 

De madrugada, en efecto, y en un despertar sobresaltado, me asaltó la cuestión: ¿Y  qué le pongo dentro? Pronto empezó la mollera a discurrir y al rato ya tenía la solución.  Pero no dejaba de ser arriesgada. 

Hacía pocos meses que mi abuelo paterno, patriarca de la familia y dueño de la  propiedad, había fallecido de una repentina apoplejía. Y era mi abuelo un fumador de pipa empedernido. En su despacho, hoy convertido en relicario a modo de museo, atesoraba  una amplia colección de pipas de todas las formas y materiales, junto a otros innumerables accesorios. Allí, en la vitrina frente al escritorio de caoba, seguía intacta dicha colección y en los cajones inferiores del mueble, innumerables y variopintas latas de tabaco de pipa. Incluso, sobre la escribanía, descansaba una pipa de bruñida madera de brezo en la misma posición y lugar que él la había dejado cuando la usó por última vez, tal era el celo de la  patrona con las cosas del abuelo. 

Y ahí estaba el riesgo. Mi tía, y a la postre mi marcial madrina, custodiaba bajo llave, cual fiero perro de finca, todo el contenido del despacho de su padre, al que nos había prohibido terminantemente el acceso a mis primos y a mí. Tan solo podíamos entrar allí acompañados por ella y ni siquiera cuando lo hacían las criadas para limpiar, bajo su atenta  mirada, no fueran a romper o mover algo de sitio. 

Los castigos ante cualquier desobediencia eran sumamente severos en aquella casa. Pero yo era, por naturaleza, curioso, insumiso y algo irresponsable, claro. No se  puede ser insumiso sin un grado de irresponsabilidad 

Me llevó un par de horas y muchas vueltas en la cama decidir que no había más alternativa. Si quería mi momento de gloria, tenía que asumir el riesgo de “asaltar” el  despacho, pues era impensable que lograra hacerme con la lata con tan solo pedirla. 

Los obstáculos no eran pocos. Al abrir una puerta en aquella vieja casona los goznes emitían inmediatamente un largo gemido lastimoso, como de dolor. Luego, avanzar por el interminable pasillo del piso superior, donde estaban las habitaciones, era otra sinfonía de crujidos y lamentos de la madera del sollado, aun cuando una alfombra lo cubría de extremo a extremo. Pasado ese trance y justo frente a la habitación de mis tíos, había que bajar los  dos tramos de escaleras también de madera y también con escalones harto quejumbrosos, pese a estar igualmente alfombrados. Una vez en el piso inferior, recorrer otro largo pasillo de parqué, con muchos tacos sueltos que resonaban bajo la moqueta cual castañuelas en  un saco, y recoger la llave del despacho en el office. Regresar hasta la puerta del mismo y abrir la vetusta cerradura, ruidosa como el carrillón de un reloj a punto de dar la hora. Abrir la puerta, otra vez el coro de plañidos, y entrar por fin en el bufete. Ya solo quedaba abrir el  cajón, afortunadamente sin llave, y tomar la ansiada lata de tabaco, asegurándose de que  estaba llena. Conseguido el objetivo, no se había terminado la misión, pues aún quedaba volver a la cama, pasando por el mismo vía crucis. Y todo ello en el silencio de la madrugada  de una aldea y a oscuras. A la postre, tan solo disponía de un exiguo salvoconducto, llegado  el caso de ser descubierto por los pasillos o en la escalera: iba o venía del baño, que estaba  en el piso de abajo. Pero ninguno, ¡Ay!, en caso de ser descubierto en el despacho. 

Sopesados todos los riesgos y asumido que habría un castigo ejemplar si algo salía mal, pues la afrenta era grave, decidí lanzarme a la aventura, cuidadoso cual felino al acecho de una presa. Descalzo, recorrí posando lentamente, muy lentamente, cada paso, como si fuera un ser ingrávido. Bajé la escalera casi levitando, y en un santiamén, estaba  en el despacho frente a la vitrina. Tomé una lata de tabaco que mostraba como marca  Balkan Sobranie negro sobre blanco, la abrí con un abrecartas que había sobre el escritorio, y después de comprobar que estaba llena, retorné cuidadosamente cada cosa a su sitio y, apenas me di cuenta, ya estaba de nuevo triunfante en cama, después de esconder la lata  entre mis jerséis en el armario. El aroma del tabaco que había desprendido la lata al abrirla aún permanecía en mi pituitaria. Con un sentimiento de orgullo y victoria, tardé apenas minutos en conciliar de nuevo el sueño, a pesar de la cantidad de adrenalina que había  generado minutos antes. Pero no hay adrenalina que valga ante la buena dosis de serotonina y endorfinas que te da el placer de sortear con éxito lo prohibido. 

Apenas habían sonado las ocho campanadas en el torreón de la iglesia y con un  intenso olor a pan que emanaba de la tienda de Manuel, el panadero, ya bajaba yo la larga cuesta que, pasando por la puerta de la parroquia y del cementerio anejo, me llevaba al río, dónde algunos harapos de niebla permanecían aferrados a las zarzas y matorrales, cual  níveas sábanas tendidas al sol de la mañana. El agua desprendía un halo de vapor, como un trapo húmedo colgado frente a la chimenea. Me encaminé a la vereda que orillaba el río, con la caña de pescar al hombro y en la mano una estera de mimbre, dónde irían a parar  mis capturas. Mis tesoros me acompañaban también a buen recaudo en el zurrón: el cestillo de los gusanos, la lata de tabaco, los carozos, una navaja oxidada que había sustraído del cuarto de aperos, varios trozos de alambre de distintos gruesos, una cajita de fósforos de la cocina y unos higos para el almuerzo. Mi madrina se empeñaba cada día en darme alguna pieza de fruta, como si no hubiera por allí cientos de frutales dónde pegarse una panzada. Pero eso no se puede hacer, claro, bajo las estrictas reglas de conducta de la hermana de mi padre. Al pasar por el lavadero, se oían las carcajadas de las mujeres que, entre golpe y golpe con la ropa sobre las estrías de granito, a buen seguro habrían soltado  alguna chocarrería, maldad, chisme, bulo o simple mentira. Hasta puede que alguna referencia solapada a un frenesí acalorado la noche anterior. Pronto empezarían a teñir todo de azulado blanco tendiendo la colada a secar sobre zarzas y arbustos. 

No era muy ancho el río, ni solía llevar mucho caudal, pero el suficiente para que fuera peligroso vadearlo. En los meandros hacía profundas pozas, dónde se bañaba la chiquillada en verano y dónde cada pocos años desaparecía alguno, pues no en vano eran aquellas tierras de interior y apenas alguno sabía nadar. Esas pozas eran mis caladeros. 

Aquel día, como cada día durante el verano, a excepción de los días de faena y de  los domingos, que era día de asistir a misa solemnemente ataviados y comer con la familia, había quedado con Aníbal y Silverio, pero llegarían más tarde, pues aún les quedaba ayudar a su padre a ensilar convenientemente los sacos de maíz en el granero; los de la cruz  pintada en rojo para semilla y el resto para pan y consumo. 

Por fin, y acompañado por un coro de ranas y algún trino de chochín, había llegado  a nuestro rincón del río, en la orilla interior de un meandro de los más profundos y bajo un enorme y frondoso castaño. Allí habíamos construido mis compañeros y yo, con tablones, palos, cuerdas y clavos una sólida cabaña sin techo, dónde acostumbrábamos a pasar los ratos muertos. Expuse todos los pertrechos que acarreaba en el zurrón sobre una amplia tabla que hacía de mesa y me dispuse a construir la primera pipa, mi primera pipa. 

Escogí examinando con atención el mejor carozo y lo corté con la navaja por su parte más gruesa a un tercio de su longitud. Alisé el corte con un guijarro rugoso del río hasta que me pareció suficientemente plano. Disponía ya de un taco de madera de maíz de unos 6 cm de largo y otros 4 de diámetro. Después de pulir hoja y filo de la navaja con agua y otro canto del río, horadé un agujero a lo largo del corazón de la panocha, usando la punta de la faca cual berbiquí, hasta llegar a menos de 1 cm del extremo. Giré una y otra vez la hoja de la navaja en el interior del orificio, hasta que sus paredes interiores quedaron lisas y  pulidas. Acto seguido, usando la punta, inicié otro orificio en un lateral, pero esta vez cónico  y más pequeño, terminando después de traspasar la pared con el trozo de alambre más grueso que había llevado, el cual emergió justo sobre el fondo interior, como había  planeado. ¡Ya tenía el hornillo de mi pipa! 

Corté un tallo seco de espadaña a dos palmos de longitud y le extraje la médula introduciendo otro trozo de alambre más fino una y otra vez en vaivén, hasta que desde un extremo del cañizo se podía ver perfectamente la luz del otro extremo. Afilé la punta más gruesa y la introduje en el agujero lateral del hornillo hasta que el caño quedó firmemente sujeto. Ya solo quedaba insertar un trozo de varilla seca de saúco en el extremo libre del tubito, darle forma con la navaja y hacerle un estrecho taladro interior, de no más que 2 mm de milímetros de diámetro. 

Triunfante, sostuve en alto mi obra: era la pipa más bonita que se hubiera hecho nunca – pensé. Tom y Huck se hubieran sentido orgullosos de mí. 

Excitado e impaciente no veía el momento de mostrar mi creación a mis compinches, que estaban tardando en llegar. Prudente, esperaría por ellos para estrenar la cachimba, así que me dispuse a pescar un rato en la poza del río para matar el gusanillo.

Después de sacar del bolsillo una gruesa tuerca y colgarla del azuelo por un pequeño  cordel para sondear la profundidad, situé la altura de la boya de corcho en el sedal de forma a que el anzuelo estuviera justo a un palmo del fondo, cogí un jugoso gusano del cestillo, lo ensarté en el arponcillo y lo dejé caer suavemente en el agua hasta el fondo. En unos segundos, la varilla del corcho se cimbreaba inhiesta sobre el espejo de la superficie del  agua. Y en otros pocos segundos, unas ligeras sacudidas y un brusco hundimiento. La  primera picada. En un santiamén, un hermoso cacho coleteaba ya en el cesto, bajo una  enorme y fresca hoja de higuera. Uno tras otro, fueron picando otros cachos, carpines con sus aletas rojas, barbos, gobios, bogas, alguna pequeña tenca y hasta una carpa espejo de  buen tamaño. Los gusanos hacían su trabajo. Tan solo las larvas de mosca funcionaban igual de bien para tentar a los peces de río y lago. 

Se habían desgranado ya las once campanadas en la torre de la iglesia hacia rato, y los cuartos también, cuando aparecieron Aníbal y Silverio a la carrera, jadeantes y  sudorosos con las cañas de pescar en la mano. 

 – ¡Hola! Nuestro padre no nos dejaba venir hasta guardar todos los sacos de maíz–  se disculpó Silverio. – ¡Y no veas si había! – se lamentó sacudiendo la mano libre. 

 – ¡Arrea! ¿todos estos has pescado ya? – se asombró su hermano al levantar la hoja de higuera. – Venga, vamos, a ver si queda alguno – continuó mientras preparaba el aparejo. 

 – No te esfuerces que ya no quedan peces en la poza. – le espeté para su tristeza. – hace rato que no pica ni uno. 

– Pero aún no habéis visto lo mejor – proclamé después cual Miguelangel a punto de  descubrir su David. Y, con gran misterio y solemnidad, extraje la pipa del zurrón ante las miradas ojipláticas de mis camaradas, pasmados y boquiabiertos, y la exhibí en alto, cual  trofeo, con ademanes de ritual litúrgico. 

 – La has hecho tú? – balbuceó Aníbal con los ojos a punto de salirse de sus órbitas. 

– Pues claro – contesté rotundo. – Con los carozos que cogí ayer en vuestra casa. Todavía me quedan tres mazorcas más, para que hagamos unas también para vosotros. 

Y les expliqué detalladamente cómo había procedido, paso por paso, hasta terminarla. 

 – ¡Venga! Id haciendo vosotros los hornillos mientras voy preparando los caños y las boquillas. Sacad las navajas. Yo os voy diciendo mientras. Después las estrenamos.  

En poco más de media hora ya tenían sus pipas ensambladas, si bien algo más toscas que la mía. Incluso les tuve que ajustar debidamente los caños en el hornillo, pues ambas tragaban más aire por ahí que un canalón traga agua de lluvia. 

Cuando les enseñé la lata de tabaco, estalló el clímax del asombro, la alegría y el  alborozo. Silverio, siempre más cándido y espontáneo, braceaba y saltaba como una rana fuera del agua. 

No sabíamos cómo cargar las pipas, ni cómo fumarlas tampoco. Pero eso debía ser pan comido, después de lo que habíamos hecho. Abrí la lata, tomamos un pellizco del aromático tabaco cada uno, e introdujimos las hebras en el hornillo. Repetimos la operación varias veces hasta tener las tres pipas repletas. – Es suficiente – dije sabihondo cerrando  la lata. 

Fui el primero en prender la picadura, claro está. Arrimé la llama de una cerilla y aspiré profundamente por el caño de la pipa. Un ataque persistente de tos fue lo primero que llegó. Mis amigos me observaban cariacontecidos sin atreverse a encender ellos sus cachimbas. Cuando, al buen rato, recuperé la compostura, volví a encender un mixto y lo acerqué al borde del hornillo. Esta vez, en lugar de una larga y profunda aspiración, pegué pequeñas chupadas consecutivas expulsando el humo sin tragarlo y oye…funcionó. Al poco  ya fumaba parsimoniosamente sin toser, como cualquier pipa fumador experimentado. 

Solo entonces mis colegas se atrevieron a encender sus respectivas cachimbas, procediendo de acuerdo a las instrucciones que les daba. La pipa de Silverio tuve que vaciarla de tabaco y volverla a llenar adecuadamente, pues había cargado demasiada cantidad y estaba demasiado apretado, tanto que no se podía aspirar a través de ella. 

– No os traguéis el humo, si no queréis toser – insistí. – Venga, vámonos al pozo del  tío Anselmo, porque aquí ya no quedan peces – les dije asiendo caña, cestillo y  canasto. 

Anduvimos los escasos veinte metros que nos separaban del pozo y allí, sentados en el brocal, pescando carpines en silencio, tuvimos nuestro sublime momento de gloria soltando enormes bocanadas de humo al aire otoñal de un septiembre que agonizaba. 

 A buen seguro éramos la envidia de Tom Sawyer y su inefable Huckleberry.

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Cultura Pipa Clubes

El Pipa Club de España convoca la quinta edición de su certamen de relato corto José Fernández-Ventura

El Pipa Club de España ha convocado la quinta edición de su certamen de relato corto José Fernández-Ventura cuya temática girará sobre el mundo pipero.: pueden ser las pipas, el tabaco de fumar en pipa o, sencillamente, el hecho de fumar en pipa. Aquí hago un resumen de las bases.

La convocatoria está abierta a todas las personas mayores de dieciocho años y se pueden mandar los relatos en español o en catalán, con la limitación de una única obra por participantes. La longitud mínima será de dos hojas tamaño A-4 y el máximo ocho. Deberán ir numeradas en la parte inferior derecha. Se admite otra hoja más con título y el pseudónimo, aunque esta página no contará para la extensión del cuento. Si se optase por el pseudónimo, los datos de identificación debe figurar en el cuerpo del correo electrónico por el que se enviará el cuento a la organización. Para la escritura es obligatorio utilizar la letra arial y un tamaño de doce puntos, además con un interlineado de 1,5.

Los relatos se deben enviar por correo electrónico a pipaclubespana@pcde.es antes de la medianoche del próximo 30 de septiembre en formato pdf. O sea, que hay tiempo para afilar los lápices. En título del correo electrónico debe figurar V Concurso de Relato Corto Pipa Club de España. En el cuerpo de la obra deberá añadirse el título del cuento, el pseudónimo, el nombre del autor, dirección, edad y el teléfono, siendo éste opcional.

Los premios se conocerán el 19 de octubre en el encuentro anual que organizará el Pipa Club de España en el lugar que anunciarán en el momento oportuno. El primer premio se llevará una pipa y tres latas de tabaco de pipa; el segundo tres latas y el tercero dos latas. La organización se reserva el derecho a difundir las obras premiadas.

Aquí os dejo las bases íntegras para que las repaséis.

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Comercio

Robada la cuenta de Instagram de Pipa Sibarita

¡¡Tengan cuidado si reciben un mensaje en Instagram desde Sybarite Pipe!! Más aún si les piden un apoyo para una competición para dar más visibilidad a la cuenta. Para ello, indica el mensaje, deben copiar una dirección de correo electrónico y seguir un determinado proceso. Si lo hacen, serán víctimas de un ataque cibernético como el sufrido por el comercio de Barcelona y que le ha llevado a perder el control de su cuenta de Instagram. Desde Sybarite Pipe ya han contactado con los responsables de la red social para recuperar el control de la cuenta sin lograrlo.

Si quieren mantener el contacto con el comercio y seguir sus novedades deberán seguir su nueva cuenta en Instagram: Sybaritepipeofficial. Además, si quieren ayudar al equipo dirigido por Alex Durán, pueden alertar a los responsables de Instagram de los prácticas de los piratas informáticos.

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A vuelta de hoja Opinión

Humo en el parque

El cálido sol del mediodía ayuda a combatir el frío acumulado a lo largo de la mañana que se presentó cubierta de gris y muy desapacible con temperaturas, a primera hora, que apenas conseguían situarse por encima de los cero grados.

El parque, situado en la ribera sur del río, es un pequeño espacio con suelo de tierra sobre el que se han instalado juegos infantiles sencillos: columpios, toboganes y un entramado de estructuras y redes a modo de «casita en el árbol». El espacio de juegos está rodeado por apenas media docena de bancos de madera.

Dos niñas muy pequeñas, quizás de unos tres años, acompañadas de sus madres se están columpiando y gritan de alegría cuando los cuidadosos empujones maternos las elevan al cielo.

Los gritos infantiles no parecen estar molestando al hombre mayor de poblada barba blanca que está sentado en uno de los bancos, la cara sol, los ojos cerrados, postura cómoda y relajada, y luciendo una especie de sonrisa de felicidad en sus labios. El rumor de las aguas del río, tranquilas y amansadas en ese punto, es la música de fondo que acompaña cada una de las caladas de su pipa.

Pablo Picasso 1969 L’Homme à la pipe assis

Esta mañana le acompañan una pipa Stanwell Bent Bulldog anillada en plata, una preciosidad que fue Pipa del Año 1990 de la alemana casa Schneiderwind de Aachen. El tabaco que la carga es el Black Parrot de Robert McConnell, una de sus mezcla preferidas.

La pipa es ligera en boca, etérea. El tabaco es delicioso. El ritmo de fumada muy tranquilo le permite percibir todos sus sabrosos matices. Los virginias son terrosos sin dejar de ser dulces, algunas notas cítricas parecen querer colarse en la boca. El perique se presenta especiado y acompañado de recuerdos de pan de higos. El humo llena la boca con generosidad y acaricia el paladar. Esta siendo una fumada memorable.

Casi acabando el último tercio se hace necesario usar el atacados para presionar las cenizas. En ese preciso momento se alzan gritos de alegría de una de las niñas del parque y se interrumpe la ensoñación. La pequeña se dirige con paso tambaleante hacia el barbado señor mayor, en su mano levantada esgrime un pequeño palo pulido, un perfecto atacador tallado seguramente por las aguas del río, que le entrega sin necesidad de palabras, Una gran sonrisa de complicidad los une por unos instantes. La pequeña regresa a sus juegos, el señor cierra de nuevo los ojos y regresa a su fumada virtual, ataca con suavidad las cenizas y culmina una fumada excelente. Contempla con cariño el obsequio recibido, le quita los restos de ceniza, lo guarda en el bolsillo y abandona al parque mientras va pensando en la pipa y el tabaco que fumará mañana.

Una de las mamás presente en el parque le comenta a la otra : Este señor viene al parque cada día sobre la misma hora, se sienta con la cara al sol y no deja de sonreír. Me gustaría saber en que está pensando.

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Tras la pipa

MUNALLI

A modo de introducción

A principios del año 2020 publiqué en varios foros un hilo dedicado a la historia de la pipa en Roma, partiendo de una foto de la tienda Carmignani y hablando de los artesanos que en ella aparecen.

Entre esos artesanos se encuentra el misterioso Munalli (arriba a la izquierda), de quien nadie parece saber nada. En Pipedia aparecen dos líneas dedicadas al mismo, ilustradas con la misma fotografía del grupo de artesanos, y se dice que ni se conoce su nombre.

Cuatro años después de mi publicación recibo un mensaje:

“Soy Massimo Munalli.

Quería aclarar que Giorgio Musicò era el vendedor de la empresa Carmignani y nosotros, los hermanos Munalli, éramos los artesanos de las pipas estampadas Munalli.”

Tras la sorpresa inicial empiezo mis conversaciones con él. Trataré de mantener al máximo sus palabras, simplemente enlazando las múltiples charlas mantenidas.

Claudio y Massimo Munalli

Soy Massimo Munalli, nací en 1947 y mi historia es muy simple…

En la famosa foto de Carmignani, la persona con gafas y bigote a la izquierda es mi hermano Claudio, nacido en 1949, quien lamentablemente falleció en 2018 a causa de una infección grave.

Corría el año 1976/77, éramos dos hermanos muy creativos y nos apasionaba la carpintería.

Habíamos descubierto la tienda de Carmignani porque mi hermano había empezado a fumar en pipa.

Mostrador de la tienda Carmignani en aquella época

Empezamos a hacer pipas para nosotros como hobby, ya que ambos teníamos nuestros trabajos. Cuando conocimos a Giorgio Musicò, que trabajaba en Carmignani, nos animó a que las hiciéramos para la tienda.

Al principio simplemente utilizábamos limas y varios tipos de papel de lija, partiendo de tacos pretaladrados y la boquilla ya adaptada.

Después de aproximadamente un año decidimos darnos a conocer y tener nuestra propia marca y así nacieron las pipas Munalli. Celebramos este evento junto al artesano Fritz Becker, con una cena en un restaurante de Roma seguida de un concurso de fumada lenta con todos los amigos y clientes de Carmignani.

Cuando empezamos a usar escalabornes (es decir, tacos enteros de brezo) compramos un pequeño torno que era fundamental para la parte técnica, que debía realizarse perfectamente para garantizar que la pipa fumase bien. Incluso las boquillas de metacrilato requerían trabajo, y las comprábamos a empresas especializadas que las enviaban por correo.

El garaje de mi abuelo era nuestro taller y sólo trabajábamos mi hermano y yo, después de nuestra jornada laboral. Cada uno de nosotros realizaba las pipas desde el principio hasta el final.

Claudio Munalli

Para producir con menor esfuerzo y tiempo, utilizábamos pequeños motores eléctricos (obtenidos de lavadoras o similares) equipados con hojas circulares de papel de lija. Visitando a otros artesanos aprendimos qué lijas utilizar, desde las más bastas hasta las más finas, para obtener una hermosa pipa lisa, que luego se pulía con cera de carnauba.

Para los arenados recurríamos a un amigo que tenía la maquinaria adecuada.

Massimo Munalli

El brezo que utilizábamos era de Calabria y se lo comprábamos a un cortador de brezo calabrés de apellido Richichi. Él también fabricaba algunas pipas. En una ocasión fuimos a elegir los escalabornes a Liguria, a la ciudad de Arma di Taggia cerca de San Remo, donde se abastecía Baldo Baldi, pero no encontramos un producto superior al que ya estábamos usando.

También vendimos nuestras pipas en Perugia y la Toscana, manteniendo siempre excelentes relaciones no sólo con Giorgio Musicò, sino también con otros artesanos como Vascello, que trabajaba en Cerdeña, Fritz Becker, y todos los amigos que frecuentaban la tienda donde nos reuníamos a menudo por las tardes para fumar y charlar.

Íbamos a menudo con Giorgio Musicò a visitar a otros artesanos. Así conocimos a Carlo Scotti en Cantù, que fabricaba las pipas Castello. Fuimos también a Inglaterra, donde conocimos la famosa tienda Astley’s de Londres, famosa por las pipas de espuma de mar.

Produjimos alrededor de 50 pipas al año desde 1979 hasta 1988.

Después de varios años se vendió la tienda Carmignani a la vez que nosotros reducíamos nuestra pequeña producción de pipas. Además, debido a diferentes elecciones, tanto mi hermano como yo nos fuimos a vivir fuera de Roma y cada uno de nosotros comenzó a cultivar intereses diferentes. Mi hermano empezó a dedicarse a la pintura y yo dediqué tiempo al deporte, la pintura y los viajes.

Mientras tanto, Giorgio Musicò abrió su propia tienda en colaboración con Becker.

Aún hoy, tras muchos años, no he olvidado ese hermoso período de mi vida. Algo bueno hicimos y ha quedado en la memoria de las personas. Tal vez incluso mi hermano, en este momento, estaría feliz por ello.

Claudio Munalli

Para finalizar

Es emocionante poder dar visibilidad a un artesano del que no hay información alguna en la red. Ha sido una labor arqueológica muy placentera la de preparar este artículo.

Quiero agradecer enormemente la buena disposición de Massimo y de su esposa Enrica, que han respondido a mis múltiples preguntas y han buscado fotografías para ilustrar este texto.

Massimo y Enrica

Massimo Munalli recuerda con mucho cariño toda aquella época y sigue teniendo en uso algunas de las pipas que elaboró.

No quiero finalizar sin agradecerles haber podido incorporar a mi colección una de sus pipas, que tras 40 años seguía esperando a su dueño.