Fabricado por la casa Mac Baren para Pfeifendepot, el Macker es una poderosa mezcla de Virginia, Burley y Kentucky sin aromas añadidos, presentada en «flakes» muy bien cortados y envueltos en papel dorado, al estilo de otros productos de MB como el Capstan, tanto el Gold Navy Cut como el Original Navy Cut.
El tabaco viene en latas de 100 grs y se vende en el mercado alemán – lamentablemente no disponible en nuestros estancos – por un precio cercano a los veinte euros. El cambalache entre amigos piperos hace posible, con un poco de suerte y prestando atención a los mercadillos, encontrar alguna que otra lata disponible. Si tenéis ocasión de adquirirlas no lo dudéis y lanzaos a por ellas, no os arrepentiréis.
Como menciono antes, el aspecto de las tiras es muy bueno, el corte es limpio y firme, el tamaño es mayor que el de los Capstan, de unos 7 x 3 cm, y un grosor aproximado de 2 mm, de color castaño con venas doradas e inclusiones de nódulos oscuros, flexibles y su grado de humedad es superior a la media.
El aroma al abrir la lata es a algarrobas e higos, a cuero, con notas de fruta (pera, manzana) recién cortada y desprende un claro matiz ácido como a tomates secos. Desmenuzo un par de tiras y las dejo airear, eso me dará, a la vista del resultado, para tres pipas.
El tabaco seca con rapidez, en apenas veinte minutos está listo para fumar. La carga es fácil y el encendido no presenta problemas. Ya de inicio el humo parece llenar todos los rincones de la boca y se presenta con autoridad y sin contemplaciones. El Kentucky domina las primeras caladas pero el Burley llega con rapidez a los pocos – muy pocos – minutos, a partir de ese momento la fumada es un recital Bur-Kent con el Virginia actuando de telonéro.
Este es un tabaco sabroso y poderoso con una carga nicotínica por encima de la media, una buena mezcla para atacar con el estómago lleno. Por intentar buscar una semejanza diré que es como un Capstan madurado en bodega un largo tiempo al que se le hubiera unido una dosis de Kentucky añejo.
Mezcla seria, para amantes de las labores con personalidad y que recomiendo sin ninguna duda.
Nunca he cocinado tabaco, no he perseguido el milagro que produzca una mezcla genial que me permita prescindir de las labores comerciales. He creado mezclas personales – como supongo todos los piperos hemos hecho en alguna ocasión – y en mi bodega descansan varios tabacos puros esperando la inspiración que los junte y les permita cumplir su destino transformados en nubes de humo.
Pero la alquimia tabaquera se me escapa de las manos. Los proveedores de hojas de tabaco de buena calidad son limitados y, además son necesarias herramientas – crocpots, prensas, higrómetros, etc – que no tengo. Si alguna vez he pensado en adquirirlas he terminado destinando el dinero disponible a comprar tabaco. Por no hablar de mi falta de conocimientos en la materia ¿Cómo tratar las hojas antes de cocinarlas? ¿Cuánto calor aplicar y por cuánto tiempo? ¿Y la presión, se aplica durante la cocción o después? Me diréis que puedo encontrar respuestas en los foros y tendréis razón, pero, sinceramente, me da una enorme pereza ponerme a considerar todos esos temas.
Para rematar mi escepticismo sobre las mezclas domésticas diré que he probado muchas y solo unas pocas – muy pocas – me han resultado satisfactorias.
Por todo lo anterior quiero compartir la agradable sorpresa que supuso fumar una mezcla doméstica creada en algún lugar de las rías gallegas por un apreciado compañero que, enfrentado al inevitable abandono de la humeante afición que nos une, tuvo a bien repartir su fondo de bodega que incluía la labor que hoy comentamos: Virginia Albariño del año 2010, un «plug» de hojas de Virginia aderezadas con vino Albariño, sometidas a calor y presión.
El tabaco ha reposado envasado al vacío durante trece años. Al abrir la bolsa se desprende un agradable aroma ligeramente alcohólico. El papel que lo envuelve está húmedo al tacto y es de color ocre gracias a los jugos del tabaco que lo impregnan.
El «plug» es firme y húmedo, de color marrón oscuro. Una capa blanquecina cubre parte de una de sus caras. Los «flakes» se cortan sin gran esfuerzo, son flexibles y muy húmedos al tacto. Retiro la capa blanquecina y corto las tiras en pequeños cubos que dejo airear.
El color del interior del taco es de un contundente y uniforme color castaño oscuro muy ligeramente marmoleado con inclusiones doradas.
Los aromas son ahora a fruta madura, dulzones, ligeros y agradables. En el proceso de retirar la capa blanquecina exterior descubro que las hojas de Virginia se cortaron a trozos grandes y sin despalillar.
Cargo la primera pipa cuando los cubos llevan ocho horas aireándose. Para encenderlo correctamente necesito varias llamas. El humo es generoso, en las primeras caladas se muestra dulzón y especiado, ligeramente picante en nariz, sobrio, el vino albariño no aparece, es un virginia maduro y con carácter.
La segunda pipa carga tabaco con doce horas al aire, enciende con más facilidad. El suave picorcillo en nariz ha desaparecido, ahora parece instalarse en el fondo de la garganta aunque no es irritante, es similar al efecto producido por una comida muy condimentada. Curioso teniendo en cuenta su naturaleza.
Es una labor poderosa, muy alejada de las mezclas «verdes» que encontramos en los estancos. No es mal resultado para un tabaco doméstico. Es imposible saber cómo sería recién cocinado, los trece años de añejamiento envasado al vacío lo habrán cambiado en profundidad. Por ahora descansará en tarro hermético unos meses, es previsible que la inyección de oxígeno recibida acabe de sacar a la luz todos los matices de este vigoroso Virginia Albariño 2010.
En cualquier caso es, insisto en ello, un tabaco poderoso distinto a los virginias habituales, un sorprendente resultado para una mezcla doméstica que reservaré para las frías noches invernales en las que apetece enfrentarse a una labor natural y vigorosa.
El entorno es amenazador, las posibilidades de caída son constantes y se presentan ante nuestros ojos a una velocidad temible. Las redes sociales me presentan a diario pipas espléndidas de formas sugerentes y grano bellísimo, mezclas de tabaco que me gustaron y ansío volver a fumar y – peor aún – mezclas que no he fumado y necesito, si o sí, probar.
No es fácil mantener la serenidad y cumplir con las promesas de templanza y contención que uno se hace cuando se vive, como es mi caso, rodeado de tentaciones. Maldigo los chats piperos, los grupos de pipafumadores y los clubs de ahumadores de brezo que no me dejan alcanzar la calma que debería acompañarme.
Porque, vamos a ver ¿cuantas pipas necesita un hombre?, ¿cuanto tabaco?
Me prometí muy seriamente que no tendría más de treinta pipas que a mi ritmo de fumadas me permite una más que razonable rotación de algo más de una semana. Incumplí esa firme promesa y voy ya por las sesenta ¡y que bonitas son oiga!
En cuanto al tabaco, a mi edad – soy un setentón jubilado – no tiene ningún sentido acumular latas y bolsas para los próximos cinco años, a fin de cuentas el golpe de pipa final y definitivo puede llegar en cualquier momento, así que tener existencias para los próximos tres o cuatro meses es más que suficiente.
Voy, aquí y ahora, a reafirmar mis promesas de contención y templanza. Reduciré el número de pipas a las treinta inicialmente deseadas, limitaré mis reservas de tabaco y sólo compraré para asegurar existencias para tres meses. Vale, quizás cuatro meses pero no más. ¡Lo prometo!
Me siento aliviado y en calma. Es bueno hacerse promesas y cumplirlas cabalmente.
Ahora debo dejaros. He visto que un compañero acaba de poner a la venta unas mezclas de Motzek y de Gerd Jansen y quiero hacerme con ellas antes de que algún desalmado se me adelante.
Uno de los placeres de este nuestro mundillo de pipas y tabaco es el de compartir con amigos las labores que apreciamos. En esta ocasión he sido el afortunado receptor de una lata de Erinmore Flake envasada en 2009 obsequio de un estimado compañero del foro El Rincón de la Pipa en un breve encuentro que tuvo lugar hace unas semanas aquí en Mallorca.
No recuerdo la última vez que fumé Erinmore pero puedo afirmar que fue hace ya muchos años. En mi memoria quedó como un tabaco prescindible aunque al tratarse de una labor con casi catorce años de guarda sentía mucha curiosidad por fumarlo de nuevo.
Erinmore Flake es un aromático, mezcla de Virginias, Burley y «sweet dark air-cured tobaccos» no especificados a los que se añade aromas cítricos, florales y de frutas, y eso me recuerda la razón de haberlo etiquetado como prescindible: no me gustan los tabacos aromáticos.
La lata está impecable, sin roces ni óxido, bien sellada. Al abrirla descubro esos característicos pequeños flakes de color castaño oscuro con inclusiones claras, algunas doradas. El aroma es fantástico, a regaliz y café, a pan de higos, avellanas tostadas y dulzor de almíbar. La humedad es escasa pero los flakes son elásticos y pueden ser cargados sin problemas.
Para la primera pipa desmenuzo ligeramente el tabaco para conseguir hebras largas que cargan y encienden fácilmente ofreciendo un humo generoso y abundante. En boca es dulce y cremoso, en absoluto agresivo, al contrario, es suave y amable, alejado de las descripciones leídas en catas que advierten de su elevada fuerza y alta carga de nicotina. La fumada es tranquila, apacible y muy placentera.
En la segunda pipa cargo las tiras enteras enrolladas sobre si mismas y ligeramente retorcidas para aflojar las hebras. De nuevo enciende fácil y ofrece, como en la primera pipa, humo en generosas proporciones. En boca los sabores parecen ser más potentes que en la anterior fumada: higos y frutos secos, ligeramente terroso, dulce. Ni rastro de los aromas añadidos a la mezcla, sólo percibo tabaco, muy buen tabaco.
De nuevo debo rendirme a la evidencia: el embodegado afina las mezclas, elimina aristas, disminuye el efecto de los añadidos y matiza los sabores. En este caso, gracias a la magia de la cuidadosa guarda y la generosidad de mis compañeros piperos, estoy frente a un delicioso combinado de Virginias y Burley que disfrutaré enormemente en los días por venir.
Trabajé con Cristian Galeazzi hace ya unos años. Corría el año 2020 y organizaba por segunda vez la pipa del año (POY) para el foro de El Rincón de la Pipa. Mi compañero de fatigas en aquella ocasión fue David (con el nick Fenici en ese foro), quien fue el encargado de llevar a cabo las gestiones con el artesano.
Hizo una pipa extraordinaria para nosotros, una zulú muy ligera y estilizada que sigue en mi colección.
Ahora me vuelvo a topar con Cristian, el artesano elegido por Andrea Pascucci para continuar con la cadena, y esto es lo que nos cuenta:
Cristian Galeazzi en sus propias palabras
Mi nombre es Cristian Galeazzi y junto con mi esposa Cinzia Evangelisti somos los creadores y productores de la marca Regina Scarlatta Pipes.
Algunos de los lectores nos recordarán por la pipa que creamos para el foro de El Rincón de la Pipa hace unos años. En ese momento traté solamente con David, y mi pésimo español fue un gran obstáculo para comunicarme en el foro. Espero que con esta entrevista pueda expresar plenamente la profunda pasión que me une a este mundo.
Si os preguntáis por qué el nombre de Regina Scarlatta, debéis saber que fue el resultado de una larga reflexión en la que traté de resumir en un nombre lo que representa para mí el objeto pipa. Estoy profundamente convencido de que entre los muchos objetos que nos acompañan en la vida cotidiana hay algunos en los que reconocemos un alma, un aura de sensaciones y vivencias que dan lugar a un vínculo especial.
Para mí, la pipa es como una bella mujer, una forma sinuosa, atractiva y majestuosa en su armonía [Nota: Regina se traduce como Reina en italiano]. Escarlata en cambio es el color del fuego, de la pareja y de la pasión. Así nació el concepto de Regina Scarlatta, que traté de traducir en un símbolo: una reina con una corona roja, nacida de la evolución de una nube de humo.
La pasión por la artesanía y la creación manual de un objeto de madera como pueda ser una pipa, ha sido algo que siempre me ha apasionado desde que era un niño. Todavía hoy me fascina la idea de coger un bloque de brezo en bruto y transformarlo en un objeto refinado y elegante, creando un producto único e irrepetible. Esta pasión es el combustible que todavía me impulsa a estudiar y profundizar en las técnicas de procesamiento del brezo, a buscar las mejores materias primas y a adquirir las habilidades necesarias para transformar mi idea artística de la pipa en un objeto real.
Desde 2011, nuestro pequeño taller tiene la indudable ventaja de estar arraigado en un territorio rico en historia y habilidades en la creación de pipas. Sin embargo, y a lo largo de los años, nuestro trabajo se ha desvinculado cada vez más de lo que muchos conocerán como la escuela de Pésaro. De hecho, de este estilo que tiene bases neoclásicas y que a menudo se caracteriza por formas abundantes y generosas, poco a poco hemos logrado dirigirnos hacia formas más sinuosas y ligeras, persiguiendo la pureza y la elegancia que forma la base de nuestra marca. A día de hoy nuestros trabajos son en su mayoría reinterpretaciones de las formas clásicas, aunque a veces se transformen en pipas a mano alzada y encuentren su apogeo en nuestra línea Motus.
Espero haber conseguido transmitiros y acercaros lo que es para mi y para Cinzia una profunda pasión que une a los aficionados al humo lento. Os invito a consultar nuestro sitio web www.reginascarlatta.com y a seguirnos en nuestro perfil de Facebook Regina Scarlatta Pipes.
Corre el año 1926 cuando se estrena la ópera Turandot de Giacomo Puccini en La Scala de Milán. En esta obra, que había quedado inconclusa a la muerte de su autor, la princesa Turandot hace saber que se casará con aquel príncipe que responda correctamente a los tres acertijos que le formulará. En caso contrario, el pretendiente morirá decapitado.
Quien logra la mano de la princesa es Calaf, príncipe tártaro, al responder correctamente a las tres preguntas. Las respuestas son esperanza, sangre y Turandot.
La interpretación de Andrea Pascucci
Le pregunto a Andrea Pascucci que me cuente más sobre esta pipa, a lo que responde:
No me apasiona especialmente la ópera, pero habiendo nacido y vivido en Pésaro, lugar de nacimiento de Gioacchino Rossini, es parte de mi cultura como los tagliatelle al ragú.
La primera pipa dedicada a la música que hice es la Guillermo Tell, basada en la obra de Rossini.
La flecha de Guillermo Tell atravesando la manzana
Se me ocurrió hacer la Turandot mientras cenaba con amigos toscanos en Pisa. Se habló de que Puccini nació en Lucca, una ciudad rival de Pisa en el pasado. Un comensal me dio la idea, diciendo que le cortaban la cabeza a los que no resolvían los acertijos que planteaba la princesa Turandot.
De vuelta a casa estudié la ópera y la historia de Puccini, aunque ya se me había ocurrido cómo hacer la pipa.
La clasificación «sangre», «esperanza» y «Turandot» -que son las soluciones de los tres enigmas que le plantea la princesa Turandot a Calaf- parecen hechas a propósito para distinguir los distintos acabados de las pipas. De este modo, los arenados se practican en un brezo que tiene pequeños defectos y cuando los veo mi corazón sangra. La pipa lisa oscura proviene de un brezo que tiene puntos negros, y cuando estoy trabajando la madera tengo la esperanza de eliminarlos todos para convertirla en Turandot, que es la pipa natural sin ningún defecto.
La espada cortando la cabeza
La empuñadura de la espada
Pensamiento final
La barrera que separa el arte de la artesanía es muy fina. En casos como éste, donde hay un proyecto que envuelve la pieza creada, el artesano se convierte en artista. Seguramente este artesano tiene todavía mucho por mostrar, habrá que estar atentos.
Hace ahora 48 años, el día 11 de Marzo de 1975, se constituyó en Palma de Mallorca el Pipa Club de España bajo los auspicios de un numeroso grupo de pipafumadores entre los que se encontraba el Maestro Joan «de ses Pipes» Bonet.
Durante esos años, a pesar de la escasez de labores del tabaco y el limitado número de fabricantes de pipas, británicos los de mayor prestigio, fumar en pipa estaba de moda y a lo largo del territorio nacional surgieron los clubes de fumadores casi siempre inspirados en el PCdeE que aportó las cláusulas y normas que permitieron salvar los escollos burocráticos y la desconfianza con la que las autoridades de la época asistían a la creación de sociedades civiles ajenas a los modelos políticos vigentes.
Las cláusula y normas a que me refiero fueron importadas de los clubes de fumadores suizos, que atesoraban una larga historia pipera.
Los años siguientes a su creación, extendiéndose a los largo de las décadas siguientes, el PCdeE participó en encuentros y campeonatos nacionales de fumada lenta, ayudó a difundir la cultura pipera y organizó actos y eventos de gran relevancia, llegando a reunir en Palma de Mallorca a 2.000 aficionados fumando de una única y gigantesca pipa creada por Joan Bonet para la ocasión.
Pasó el tiempo. Fumar en pipa cayó en desuso. Aparecieron las políticas anti-tabaco. Llegó la pandemia del Coronavirus.
Hasta ese momento un puñado de piperos recalcitrantes mantuvo viva la llama del PCdeE organizando reuniones periódicas en un conocido restaurante de Palma que les ofrecía un espacio propio en el que encender sus pipas con total libertad. La pandemia arrasó de un manotazo las sedes sociales, prohibió los encuentros, fijó su vista en los fumadores, les impidió fumar en espacios públicos y los etiquetó como personas no gratas.
A pesar de las dificultades, o quizás gracias a ellas, ese puñado de recalcitrantes continuó reuniéndose, ahora en sus domicilios particulares, compartiendo charlas, humos y compañerismo, y hablando de un futuro que ayer se convirtió en realidad.
Reunidos en Establiments, a las afueras de Palma de Mallorca, los miembros del Club celebraron elecciones para la creación de una nueva junta directiva que quedó constituida como sigue:
Presidente: Sr. Carlos Moreira López-Monis
Vicepresidente: Sr. Francisco Argente Sánchez
Secretario-Tesorero: Sr. Manuel Feliu Gutierrez
Community Manager: Sr. José Antonio Hortas Capllonch.
Y así, a diez de días de cumplir 48 años, el Pipa Club de España resurge, se renueva, y levanta las pipas al grito de “larga vida al Club”.
Le conocí en la XVIII Fumada Lenta CAP Madrid, el pasado mes de noviembre de 2022. Bruto Sordini me había hablado muy bien de su trabajo y me acerqué al stand que tenía montado junto a su esposa Anna. Allí estaba él, con ojos pequeños pero vivaces tras sus gafas y con mi triste italiano tuvimos una buena conversación, que ha continuado a través de mensajes por varios medios.
Hace ahora un año se rompió un eslabón de la cadena del proyecto Encadenados. La intención es seguir con ese proyecto a partir de aquí. Tengo que agradecer su paciencia al artesano, que ha respondido a todas las preguntas que le he hecho, así como a Diego Morlin por su aporte de algunas de las fotos que aquí están publicadas.
Entradas del bloc como ésta le dan sentido al mundo de la pipa. Ésta es una entrada que ata cabos, que une varios eslabones entre ellos y con éste. Hablamos de un artesano que hace muy bien su trabajo y que conoce a los mejores, porque ha trabajado mano a mano con ellos, y sin duda se encuentra entre ellos. Sin más, cedo la voz al artesano de esta entrada:
Andrea Pascucci en sus propias palabras
Conocí a Tomeu en Madrid, con motivo de la última fumada lenta organizada por el CAP Madrid. Me pidió amablemente que escribiera un breve texto para publicar.
No deseo escribir una presentación de mis pipas, la historia de la marca Fiamma di Re, o los varios secretos -o presuntos secretos- para hacer una pipa. Lo que tengo ganas de escribir es un homenaje a las personas que han sido importantes en mi trayectoria como artesano de pipas.
La primera persona importante es mi esposa Anna. Con ella llevo compartiendo 30 años de matrimonio y tres hijos. Fue ella quien me consiguió trabajo en un taller de pipas. En ese momento sólo éramos amigos, yo tenía unos 22 años.
Por algunas vicisitudes, en 1994 abandoné el sector. En 1995 Maurizio Fraternale, a quien ya conocía, se puso en contacto conmigo y me propuso que volviera a hacer pipas. Tuve una colaboración con él que duró unos veinte años y me presentó a Giancarlo Guidi.
Giancarlo fue importante para mí, no tanto por las técnicas de procesamiento del brezo, sino por el hecho de que fue el primero en mostrarme las pipas no sólo como un objeto para fumar tabaco sino también como un objeto de arte. Una de las frases que más me ha quedado grabada, que él decía de vez en cuando, es «no hacemos pipas, creamos sueños» y traté de hacer de esta frase un mantra.
Luego está Massimo Palazzi, con quien compartí 16 años de sociedad desde el año 2000.
Ya en tiempos más recientes, las personas que considero más significativas para mi formación continua son Bruto Sordini, Maurizio Tombari yVitaliano Posella, con quienes he realizado varios viajes de negocios que se han convertido en viajes de placer, porque además son grandes personas. Durante los días que pasamos juntos tuvimos la oportunidad de confrontarnos y pude comprender sensaciones y pasiones que me formaron más.
Mi deseo es poder dejar, con mis obras, impresiones y sensaciones positivas a todos los aficionados al humo lento.
Un poco de historia
Andrea Pascucci cita varios nombres en su escrito. Vamos a poner un poco de orden, con las fechas aproximadas que me facilita el artesano:
Entre los años 1989 y 1994 Andrea trabaja para Mastro de Paja.
Tras un año apartado del sector, en 1995 Maurizio Fraternale le contacta para que haga pipas para Ser Jacopo. Esa colaboración dura hasta el año 2000, entiendo que a tiempo parcial ya que la combina con otros trabajos.
Entre el año 2000 y mayo de 2016 se asocia con Massimo Palazzi para crear las pipas L’Anatra, teniendo de representante a Maurizio Fraternale.
Cuando Massimo se jubila ceden la marca L’Anatra a Maurizio Fraternale, quien a día de hoy sigue siendo el dueño, al igual que de Ser Jacopo. Es entonces cuando Andrea Pascucci se hace con la marca Fiamma di Re, fundada aproximadamente en 1980 por Giannino Spadoni (miembro fundador de Mastro de Paja), y que llevaba varios años inactiva.
Como puede comprobarse, estamos ante un artesano de la escuela de Pesaro que conoce a los más grandes y, como no, está entre ellos.
Para finalizar
Espero que esta entrada guste tanto como me ha gustado a mi la investigación llevada a cabo para escribirla. Voy a cerrarla con una foto que une eslabones, como comentaba al principio, y es que los tres han pasado por esta sección: Vitaliano Posella, Diego Morlin y Andrea Pascucci.
Sencillamente tabaco. Un poderoso Burley de Malawi es el corazón del Dockworker Flake, mezcla de la serie United Passion Flakes de HU Tobacco de la que nos ocupamos hoy en este artículo. El Dockworker viene en latas de 50 gramos bien selladas y se vende en el mercado alemán a través de los distribuidores habituales de la casa.
Al abrir la lata encontramos una amalgama de «flakes» formando un taco de unos 5 x 3 x 2 cm de color marrón marmoleado con vetas oscuras e inclusiones doradas.
El aroma inicial es ácido y dulce a la vez, como de frutas confitadas y peras en almíbar. En segundo plano notamos notas de chocolate, algarrobas y nueces, todo ello ligeramente especiado.
Al deshacer unas tiras para cargar la pipa, su escasa humedad lo permite sin más esperas, se hacen patentes los aromas comentados y aparece uno nuevo que nos recuerda el café en grano tostado.
El Dockworker es una mezcla de Burley de Malawi con Virginias de Zambia, India y Filipinas, a los que se añaden tabacos orientales, utilizados en este caso como especias para dar personalidad a la mezcla. No lleva ningún otro componente aromatizante, sólo tabaco.
La pipa enciende fácil. No quema, no irrita la lengua ni la nariz, y sin embargo se nota poderoso, algo más allá de la fortaleza media anunciada por HU. Se mantiene encendido sin esfuerzo a pesar de fumar con calma.
El Burley está presente a lo largo de toda la fumada, de la mano con los Virginias que se sitúan quizás un paso por detrás. En el último tercio de la fumada aparecen sutiles llamadas de los Orientales anunciando su presencia. En boca tengo sabores a cacao tostado y notas dulces.
Definiría esta mezcla como un VaBur, o para ser más fiel a las sensaciones de la fumada como un BurVa ligeramente condimentado con Orientales. Es un tabaco poderoso, honesto, natural y cálido, ideal para esta tarde fría y ventosa. Marida perfectamente con el café que me estoy tomando pero casaría muy bien con una taza de chocolate caliente. Me gusta, procuraré tener siempre un par de latas en la bodega.
«Las artes del buen pipar», así se titula el reportaje firmado por Carlos V. Bonet, ganador del galardón “X Premio Manuel Brunet” que se publicó el ya lejano 8 de Marzo de 1975 en la desaparecida revista Destino.
Copias de ese largo artículo, que ocupa seis páginas de la revista, nos fueron entregadas, hace unos días, por un amigo pipafumador y destacado coleccionista de pipas que tuvo el valor de recibir en su casar a un nutrido grupo de compañeros del gremio humeante.
El reportaje en cuestión trata todos los aspectos del “buen pipar”. Habla del origen y usos del brezo, de sus virtudes, de su belleza. Detalla su clasificación según las vetas de la madera, que el autor llama “años”: Stright(sic) Grain; Bird’s Eye Perfect; Bird’s Eye; Bird’s Nest; Flame Grain; Mixed Grain; Off Grain.
Nos cuenta los distintos acabados de la madera y se extiende explicando las razones de cada uno según el grano de cada pieza. Habla de las formas, “modelos”, que distribuye en dos grandes grupos, Clásicas y Fancy, y de las más habituales, Billard (sic), Apple, Dublin, Bulldog y Pot, explicando sus ventajas e inconvenientes. Explica las formas de las boquillas, “denteras”, su clasificación y sus dimensiones.
Cataloga las mezclas de tabaco, los “caldos”, según sus componentes y los cortes. Habla de los complementos y útiles de limpieza. Expone imágenes de las formas clásicas de las pipas de brezo. Nos cuenta las técnicas adecuadas para fumar en pipa. Establece una decálogo de normas, ”mandamientos” , del buen pipar que resume en dos: Amarás y cuidarás tus pipas y los tabacos, y fumarás siempre con tranquilidad y conocimiento.
Grabado de la Enciclopedia de Diderot de 1791. Una de las imágenes incluidas en el artículo.
Cierra el artículo con una curiosa e interesante distribución de los fumadores de pipas según criterios geográficos, sociales, evolutivos y económicos que le conducen a dibujar tres imágenes del fumador de pipa:
Un lobo de mar danés retirado, sesenta años, que vive en una casa de madera al borde del acantilado.
Un jefe de Brigada Criminal de Scotland Yard, cincuenta y dos años, pelo blanco, pulcro, tres hijos. Una casa con jardín en las afueras de Londres.
Un escritor canadiense de cuarenta años, retirado en las montañas. Solo.
El reportaje no tiene desperdicio, es ameno, divertido e instructivo, un manual básico que deberían leer todos aquellos que deseen iniciarse en el mundillo de los piperos. El lenguaje es culto, algo arcaico y socarrón, denota pasión y un profundo conocimiento sobre lo que escribe.
No puedo resistirme a detallar algunas de las perlas que contiene el artículo. Refiriéndose a la mala prensa de los fumadores: “… seguimos ignorando que, así y todo, mueren tres veces más personas de mal comer y mal beber que de mal fumar” y remata “Coja usted su pipa. Queme sólo tabaco. Take your time. Viva muchos años”.
Hablando de las pipas con “Stright (sic) Grain” dice “Los años recorren verticalmente la superficie total de la pipa, completamente paralelos unos a otros, del borde superior al fondo o base. El fumador la sostiene entre sus dedos con infinita dulzura, contemplándola entre el humo azul. Es la perfección suma…”
Los capítulos dedicados al tabaco son muy interesantes. En esos años los tabacos americanos, daneses y alemanes no tenían apenas relevancia comercial, el gran mercado estaba dominado por las mezclas británicas (Dunhill, Fribourg &Treyer, Astleys, John Player, Wills, Thomson & Porteous…). Al escribir sobre Virginias menciona el tabaco “Baby’s Bottom Virginia” del que dice “mezcla con la que, al conjuro de su sola mención, vibrarán las aletas nasales de cualquier pipador experimentado” comentario delicioso, sublime según la opinión de quien nos regaló las copias del reportaje.
En esa época la base de las mezclas aromáticas no eran los salseados ni los sabores añadidos. Según cuenta el autor: “El encanto de la mixtura se halla en los aromáticos tabacos crudos, principalmente Latakia y Perique. Son éstos la base de la mezcla aromática, del mismo modo que el pan para el mundo occidental o el arroz para el oriental constituyen el apoyo culinario fundamental sobre el que se construye un notable edificio de complejos sabores”.
Acaba el documento con estas palabras: “La pipa, primitivo instrumento que ha ganado ya la batalla del tiempo. El pipador, una filosofía viviente, socarrón, pensador, actitud frente a acción, creación frente a labor. Por ello, mi querido amigo, si es usted ejecutivo de una empresa de más de cincuenta empleados, no fume en pipa, por favor. Me odiaría.”
Buscad en mercadillos de libros y bibliotecas la revista Destino publicada el 8 de Marzo de 1975, si la encontráis leed con calma el premiado reportaje de Carlos V. Bonet, os divertiréis y quizás os ocurra como a mí, he recordado cómo y porqué me aficioné a pasear con una pipa en la boca.